Montejaque Superficie en kilómetros
cuadrados: 4660 km². Altitud sobre el nivel del mar:687 metros.
El municipio de Montejaque está situado en el borde occidental de la provincia de Málaga. Sus tierras se extienden por el valle del río Guadiaro y la Sierra de Líbar. Es por lo tanto, un territorio fronterizo entre la comarca de Ronda y la gaditana Sierra de Grazalema, a cuyo parque natural pertenece la mayor parte del término. Aunque el pueblo mira al valle del Guadiaro desde el pie de los roquedales del Hacho (1.075 m.), su paisaje se esconde en el interior de la sierra, encerrando en ella algunos de los más bellos parajes que se pueden imaginar. Saliendo de Montejaque por el camino que sube entre las Sierras de Montejaque por el camino que sube entre las Sierras de Montalate y Juan Diego, al poco de abandonar las últimas casas, conviene hacer una parada y volver la vista atrás para contemplar un atractivo enmarque del pueblo entre las rocas de estas dos sierras. Después de algo más de 2 kilómetros de subida, se llega a un paraje inusitado. Allí, en lo alto de la sierra, a casi 1.000 metros hay unos grandes llanos cubiertos de prados en los que pasta el ganado vacuno. Por el centro del llano atraviesa un antiguo camino realengo que evoca historias de diligencias, migueletes y bandoleros. Entrando al pueblo por la vieja y estrecha vía que sale de Ronda a Sevilla, al poco de cruzar el alcornocal de Bogas Bajas entre grandes quejigos que bordean la carretera, se llega al embalse de Montejaque, en el lugar donde está la enorme entrada a la Cueva del Hundidero, por la que desaparece el río Gaduares para resurgir a cuatro kilómetros de distancia. En este punto, el juego de contraluces que hace el Cerro Tavizna y otros próximos añaden una especial belleza a este espacio. La población de Montejaque es de origen árabe y su nombre significa en esta lengua -montaña perdida. Aquí hubo un castillo desde el que se vigilaba parte de la Serranía, en una época en la que el pueblo tuvo notable importancia dentro de la zona. Cuando los Reyes Católicos entregaron Montejaque el Conde de Benavente y le nombraron Señor de Montejaque y Benaoján, ambas poblaciones dejaron de ser consideradas como arrabales de Ronda. Durante el levantamiento morisco del siglo XVI se produjeron varios acontecimientos, entre los que se destacan los numerosos atentados sufridos por el alcalde morisco Mohamad Idriz por colaborar con las tropas cristianas. Después, fue recompensado por los cristianos por esta actitud dándole tierras y una renta de por vida. Otra historia narra la refriega que mantuvo el guerrillero José Aguilar con las tropas francesas en el puente del río Gaduares el 20 de octubre de 1810, donde participaron hombres de Montejaque , Benaoján, Atajate, Cortes y Jimera de Líbard, en total unos 250, que vencieron a 600 soldados y 90 jinetes franceses.
El casco antiguo de Montejaque, lleno de casas blancas y lugares pintorescos, sube hasta el barrio alto que se caracteriza por su laberinto de calles estrechas, típicas de la época musulmana. En el barrio bajo, formado por calles paralelas y simétricas, se encuentra la Iglesia parroquial de Santiago, de estilo gótico tardío fundada a principios del siglo XVI. Fue reformada en el siglo XVIII y en su interior puede verse, sobre el presbiterio, una bóveda de terceletes así como una interesante decoración pictórica en la capilla barroca de la nave del Evangelio. La torre del templo, que ha sido reformada por completo, presenta un último cuerpo octogonal.
La artesanía del lugar ofrece principalmente artículos de piel.
Lo más característico es le guiso de patas- con un trozo de cada parte del cerdo-, junto con la torta de chicharrones y los molletes hechos a mano. También se cocina el puchero con garbanzos, calabaza, chícharos, alcachofas, tocino, morcilla y carne de chivo. Hay vino mosto y un mistela.
Las fiestas tienen lugar del 16 al 18 de mayo y del 14 al 17 de agosto, en honor de la Virgen de la Concepción, patrona del pueblo. Durante estas fiestas los mozos del pueblo llevan a hombros la imagen de la Virgen por una empinada cuesta hasta la ermita de las Escarigüelas, en agradecimiento al milagro que se atribuye a la patrona cuando detuvo una epidemia de cólera. La mujer montejaqueña acostumbra a llevar los cántaros de agua sobre la cabeza y de este modo participa también en concursos de baile durante las fiestas.
|