En la plaza de la iglesia vemos también una
de las torres, resto de la muralla que rodeaba la ciudad musulmana. Si paseamos desde allí hacia la calle Trinidad, después de
un tramo de casitas, nos encontraremos con más restos de este castillo, en el que
todavía pueden apreciarse vestigios de capiteles romanos, que fueron extraídos de otras
construcciones y se aprovecharon para la edificación de los muros. Podemos optar por visitar la muralla dirigiéndonos por la Calle Carmen; subiremos las escaleras hasta la Plaza de San Bernabé, continuando por la Calle Castillo donde veremos empotrada en el muro otra tradicional hornacina, con una imagen del niño Jesús, habitualmente con restos de velas y flores como muestra de fervorosas plegarias. Seguiremos por la Barbacana donde se alzan, todavía
majestuosas, las piedras doradas que protegieron en su día los 90.000 m2 de ciudad. Este tramo de muralla forma una esquina completa que permanece en buenas condiciones. En ella un torreón se yergue como principal y último recuerdo. Después, el muro se extiende hasta el final de la calle Portada, donde terminan los restos de esta fortaleza que comenzó a dejar de serlo, como muchas otras, en el año 1.786 cuando las reales ordenanzas del Rey Carlos III, impusieron el derribo de las murallas en las ciudades.
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