Página PrincipalIr a comarcasAnteriorSiguiente

 


Málaga
Capital de la Costa del Sol

[Historia y Paisaje] [Visitas de Interés] [Compras] [Gastronomía] [Fiestas y Tradiciones] [Información Adicional]


Superficie en kilómetros cuadrados: 385’50 km². Altitud sobre el nivel del mar: 5 metros.
Precipitación media anual: 469 l/m². Temperatura media anual: 18’4 °C. Habitantes censo 1994: 531.443.


    Historia y Paisaje

    El término municipal de Málaga, uno de los tres más grandes de la provincia, junto con los de Antequera y Ronda se extiende por paisajes muy diferentes. La zona de los montes cubre la mitad norte del municipio con relieves alomados que llegan a alcanzar una considerable altitud, siendo el pico de Santo Pitar con 1.020 metros el punto más alto. Aunque aquí la orografía es muy similar, la vegetación y la forma de sus valles permite identificar dos entornos bien diferenciados: en la parte central, la vertiente oriental de la cuenca del río Guadalmedina, se cubre de pinares y bosquetes de encinas desde el límite con el término municipal de Casabermeja hasta el mismo borde de la capital, configurando espacios de gran calidad paisajística que han merecido su declaración como Parque Natural por la Junta de Andalucía con la denominación Montes de Málaga.

    Desde el cauce del Guadamedina hasta el borde occidental del municipio, la morfología cambia considerablemente al desaparecer las masas boscosas que caracterizan al citado parque. Aquí el monte bajo predomina sobre las zonas arboladas en las que las especies forestales son escasas y comparten el terreno con olivos y almendros. A los barrancos se une la presencia de cerros testigos coronados por roquedales que llegan a jugar un papel importante en la imagen del borde norte de la ciudad, como ocurre con el Cerro Coronado. El frente sur de estos montes, en la zona de contacto con la Hoya de Málaga, presenta un aspecto de carácter urbano con barriadas, como la Granja Suárez, urbanizaciones, como la del Atabal, y pueblos, como el de Puerto de la Torre.

    El tercio occidental del municipio, al este del parque Natural de los Montes de Málaga exhibe marcadas influencias de la cercana comarca de la Axarquía. Sobre un relieve que sigue siendo de lomas abarrancadas, a los olivos y almendros se les empiezan a sumar las viñas y en las cercanías de Santo Pitar, a un paso ya de la vecina comarca, el panorama empieza a ser claramente axárquico. Hacia el sur, entre los valles de los arroyos de Jaboneros y Gálica, se levanta el Cerro de San Antón. Sus "pechos" se levantan sobre la fachada litoral observando el avance de la zona este de la ciudad a través de barrios que penetran por los pequeños valles (Caleta, Limonar, Pedralejo y Palo) o suben por las estribaciones de montes y cerros (Cerrado de Calderón, Miraflores del Palo y el Candado).

    Al sur del dominio de los montes se extiende quizá el paisaje más característico del municipio: la Hoya de Málaga. Una depresión litoral en la que se unen los valles del Guadalhorce y el del Guadalmedina a través de terrenos suavemente ondulados, que marcan la entrada en la Hoya de numerosos arroyos que salen de los montes y las huertas tradicionales del Guadalhorce con la enorme ciudad, fundiéndose hasta no saber donde termina una y donde empiezan los otros. En este espacio dos elemento se destacan sobre el resto: uno de gran interés ecológico: la desembocadura del Guadalhorce, y otro de interés humano, la fachada litoral de la ciudad, presidida por su puerto.

    El municipio por las especiales condiciones de su situación costera a la salida de un importante valle (el del Guadalhorce), que fue vía de penetración para muchos pueblos de los que arribaron a sus costas, ha conocido la presencia del hombre desde la prehistoria. Del origen de la ciudad no tenemos noticias muy claras, pero ya Estrabón hablaba en el siglo l a. C. que al pie del cerro donde se encuentra la Alcazaba había una ciudad fenicia, posiblemente de fundación anterior. En cualquier caso, en la época romana, la importancia de Málaga llega a ser tan grande que alcanza la categoría de ciudad confederada regida por un código especial - la lex flavia malacitana-. La existencia de un teatro y la aparición de algunas excelentes piezas escultóricas permiten pensar en un período de esplendor cultural.

    Después de una etapa bastante oscura correspondiente a los pueblos germánicos, la historia de Málaga vuelve a resplandecer con la dominación de los árabes. De esta época ha quedado el trazado de las calles del casco viejo. Un recinto amurallado, que iba desde el mar hasta la Alcazaba subiendo por las orillas del Guadalmedina y las actuales calles de Carretería y Alamos, señalaba los límites de la ciudad musulmana. Donde hoy está el mercado central se construyeron las Atarazanas del puerto y donde se encuentra la Catedral estuvo la Gran Mezquita de la ciudad. Fuera de la ciudad y vigilando todas las idas y venidas, se alzaba la fortaleza de Gibralfaro.

    En el siglo XIV se produjeron los primeros intentos de conquista por parte de las tropas cristianas, que no se culminó hasta un siglo después, tras un largo asedio en el que jugaron un gran papel las pequeñas elevaciones del entorno de la ciudad. Una vez tomada el 19 de agosto de 1487, la ciudad empezó a cambiar de aspecto adaptándose las nuevas construcciones al gusto de los conquistadores. A partir de este momento las comunidades religiosas desempeñarían una función importantísima en el crecimiento urbano de Málaga. Las iglesias y conventos construidos fuera del recinto amurallado empezaron a aglutinar a la población dando lugar a la formación de arrabales extramuros.

    Los siglos XVI y XVII fueron duros para la ciudad, no solo por las consecuencias que trajo consigo el levantamiento de los moriscos y su posterior expulsión, sino también por las epidemias e inundaciones provocadas por el río Guadalmedina, que se vieron acompañadas de varias malas cosechas sucesivas durante el siglo XVII. En esta época tiene lugar la construcción del puerto y su posterior ampliación.

    Con la llegada del siglo XIX, la ciudad tiene ya dos sectores bien definidos, ambos enclavados fuera del centro de origen medieval: el extremo occidental quedó configurado por la influencia de la actividad industrial de esa época, mientras en el otro extremo comienzan a aparecer villas y hoteles del más puro estilo "belle epoque".

    Con la desamortización y el derribo posterior de viejos edificios eclesiásticos, la ciudad ganaría nuevos espacios para su crecimiento. Se abre la calle del Marqués de Larios y la Alameda. Sin embargo, los avatares políticos del siglo XIX dejaron penosos recuerdos en la ciudad, como el fusilamiento de Torrijos y sus seguidores. El siglo terminó bajo el signo de la crisis económica: hundimiento de la incipiente industria, plaga de filoxera, etc. La crisis se ahondaría aún más en las primeras décadas del siglo XX hasta que a partir de los años 60 el desarrollo masivo del turismo empieza a revitalizar la provincia y la ciudad pasa a convertirse en un importante centro de servicios hasta llegar a ser en nuestros días una de las principales del país.

    Visitas de Interés

    Málaga por sí sola reune suficientes atractivos de toda índole como para configurar una voluminosa guía no para turistas ocasionales sino para viajeros empedernidos. Se trata entonces de conseguir el equilibrio informativo entre lo que necesita conocer el que pasa una corta estancia y el que dispone de algo más de tiempo para detenerse en el estudio de los indudables tesoros que encierran sus monumentos y edificios singulares, o incluso para pasear por el casco histórico y sentarse en una terraza a disfrutar del ambiente y la benignidad casi permanente del clima.

    El casco histórico ofrece al visitante la mayor parte de los monumentos y, quizás lo más acertado para llegar a conocer esta ciudad sea dejarse llevar por el azar porque cualquier rincón ofrece algo al viajero. Desde lo más popular a lo más sublime en el arte y la historia se ha sabido conservar en líneas generales, por lo que no es difícil encontrar callejuelas de acentuado aire morisco, monumentos cristianos de los siglos inmediatamente posteriores a la incorporación de Málaga a la corona de Castilla, decimonónicos de la arquitectura civil y otras muestras que sin ser de gran valor artístico configuran un paisaje urbano muy atractivo.

    El conjunto monumental más importante de la época de la dominación musulmana es la Alcazaba y el Castillo de Gibralfaro, aunque su acceso es independiente para cada uno. La Alcazaba fue construida a principios del siglo XI (1057-1063), ocupando el extremo este del recinto amurallado que protegía la ciudad y que ha sido considerada como una de las construcciones militares más importantes de la España en la citada época por la cantidad de obstáculos defensivos dispuestos para acceder al palacio del gobernador.

    La entrada a esta fortaleza es por la calle Alcazabilla y se asciende en zig zag entre elevadas murallas por una serie de puertas abiertas en arcos de herradura sustentados por columnas genuinamente clásicas, extraídas de las ruinas del vecino teatro romano. Después de un espacio a modo de plazuela, con pérgola, alberca y jardín, se pasa, por la Puerta de Los Arcos, a un tercer nivel donde están los recintos del palacio nazarí y a un pequeño barrio de viviendas que datan de los siglos XIII y XIV. Instalado en este palacio, el Museo Arqueológico Provincial muestra interesantísimas colecciones de fragmentos de utensilios domésticos de yacimientos del paleolítico y el neolítico; una valiosa colección de arte romano a base de bustos, esculturas y piezas funerarias, las maquetas de la propia Alcazaba y de la Catedral, trozos de cerámica de los siglos XIII y XIV, además de algunas piezas del arte califal de los siglos X y XI. El origen de este museo, que data de los años 40, es la colección de piezas arqueológicas propiedad del marqués de Casa Loring, el llamado museo Loringiano del siglo XIX.

    El Castillo de Gibralfaro ocupa una gran parte de la cima del monte del mismo nombre y allí se dice que hubo un faro de origen fenicio según las crónicas musulmanas, que lo denominaban Yabal-Faruk o montaña del faro, de donde procede el nombre de Gibralfaro. Esta fortaleza fue construida en la primera mitad del siglo XV por el rey musulmán Yusuf y en 1487 fue conquistada por los Reyes Católicos, sirviendo paradójicamente de reclusión de la población y ejército de los vecinos. En 1812, los franceses lo volaron cuando huían tras sufrir una estrepitosa derrota.

    El Teatro Romano, ubicado justo a los pies de la Alcazaba y que sirvió en cierto modo de cantera donde escoger algunas de las piezas arquitectónicas que utilizaron los musulmanes para levantar la Alcazaba, conserva parte del proscaenium, una galería de entrada a esta parte, los restos de lo que fue la orchestra, una buena parte de la cávea, de 31 metros de radio y 16 de alto, con trece gradas y el vomitorium. Una vez derribada la Casa de la Cultura que en su día ocupó parte del teatro, en la actualidad se procede a la recuperación de este espacio clave en la historia de la ciudad.

    Los jardines de Puerta Oscura están situados a los pies de Gibralfaro y deben su nombre a una puerta árabe que existió allí, como también albergó una villa romana de la que salieron, en excavaciones realizadas a principios de este siglo, algunas piezas muy importantes, como un mosaico que hoy figura en la colección del Museo Arqueológico.

    El Palacio de la Aduana, sede del Gobierno Civil, está ubicado muy cerca de los anteriores monumentos y otros de carácter religioso y civil, y fue construido a finales del siglo XVIII derribando previamente el primer cinturón amurallado que guardaba el que fue núcleo urbano musulmán. Después de estar paralizadas sus obras por diversas causas, entre ellas el saqueo por parte de las tropas francesas, se reanudó su construcción en 1826 y se terminó tres años más tarde. Este palacio nunca fue aduana sino fábrica de tabaco y más tarde oficina de la Hacienda pública. De frío estilo neoclásico, sólo destaca su patio interior y sus recias escaleras con balaustrada de mármol. No está abierto a la visita turística.

    Otras muestras de interés en esta parte de la capital son la Farola del puerto, edificio singular por su estructura, que está situada en el morro de levante y fue construida en el siglo pasado; la Plaza de Toros de la Malagueta, obra neomudéjar levantada en 1875; el actual Palacio de Justicia o antiguo hotel Miramar, que data de los años 1921 y el edificio de la Casa Consistorial, la Casona del Parque, obra del arquitecto Guerrero Strachan de estilo neobarroco que data de principios de este siglo, como lo es también el Miramar, cuyo autor es el mismo proyectista.

    La Catedral, en pleno casco histórico y muy próxima a los anteriores edificios singulares, es sin duda el gran monumento por su grandiosidad estilística –aquí se conjugan el gótico, el renacimiento, el barroco, el gótico isabelino, el neoclásico, etc.--, fruto de los 254 años que tardó en construirse, y por su impresionante monumentalidad arquitectónica.

    El gran edificio religioso se erigió al poco tiempo de terminar la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos en el solar de la que fue mezquita mayor de Málaga. Las obras se iniciaron en 1528, el mismo año en que comenzaron las de la Catedral de Granada, y se da por muy probable que el autor fuera Diego de Siloé, quien junto a Enrique Egas también intervino en ambas grandes catedrales e inspirándose en la de Toledo, es decir, respetando la planta gótica, pero considerando indispensable el empleo de la columna clásica, partiendo su altura en dos partes con un capitel como división de ambas, con lo que se consigue una mayor espectacularidad monumental.

    A estos dos primeros maestros les siguieron otros muchos renacentistas, como Andrés de Vandelvira, a quien se debe la Catedral de Jaén, y posteriormente, a finales del siglo XVI y principios del XVII, los maestros mayores de las catedrales de Sevilla y Granada, respectivamente. En 1735 se terminó el primer cuerpo de las torres y fachada principal, y dos décadas después se incorporó al proyecto Antonio Ramos, hasta que pasada la mitad del siglo XVIII se sometieron las obras a la supervisión de la Academia de Bellas Artes se San Fernando, con el profesor de arquitectura Ventura Rodríguez, que es el primer artista español que se adhiere al neoclasicismo. Las obras concluyeron en 1728, después de más de dos siglos y medio, pero nunca se terminó la torre del lado sur, de ahí el sobrenombre que lleva de "Manquita", atribuyéndose tal hecho a que los fondos se destinaron a causas liberales y en apoyo a la guerra de la Independencia de lo que luego sería Estados Unidos.

    El interior del templo mayor de la ciudad encierra verdaderos tesoros artísticos, obra de los grandes escultores y pintores de la época. En un recorrido por ambas naves laterales, comenzando por la del Evangelio, destacan las capillas del Cristo de la Buena Muerte, con tres tallas de Pedro de Nena y un órgano del siglo XVIII; la de Ntra Sra. de las Angustias, y un poco más al interior está la de San Julián, desde la que se accede a la sacristía, que contiene una buena colección de pintura barroca. El presbiterio o altar mayor, en la cabecera de la nave central, es de finales del siglo XVI, con frescos de Arbassia y una serie de esculturas de santos, de autores anónimos , que datan de 1580. Los púlpitos son del siglo XVII y el tabernáculo procede de mediados del siglo XIX, obra de Francisco Enríquez Ferrer.

    Continuando con el recorrido, se encuentra la capilla del Santo Cristo del Amparo, con cuadros de Juan Niño de Guevara y una pintura de Santa Agueda de Luca Cambiasso. La capilla de la Encarnación presenta un retablo neoclásico (1785), de Juan de Villanueva y tallado por Antonio Ramos y Aldehuela, mientras que la de Santa Bárbara tiene un retablo gótico espectacular que es de lo mejor que hay en el templo.

    En la nave de la Epístola, la primera capilla corresponde a Ntra. Sra. de los Reyes, con esculturas policromadas que representan a los Reyes Católicos y son obra de Pedro de Mena. A continuación está la capilla de la Purísima, en cuyo retablo barroco hay un lienzo atribuido al artista madrileño Claudio Coello, y en la del Rosario hay un óleo de Alonso Cano: las dos últimas capillas de la nave de la Epístola son la del Sagrado Corazón, con un retablo del siglo XVl, y la llamada Nueva, en la que destaca una Dolorosa del granadino Pedro de Mena, un Cristo y un cuadro de la Inmaculada, atribuidos a Niño de Guevara.

    Otro elemento arquitectónico destacable en la Catedral es el coro, auténtica obra maestra en la talla de madera que data del siglo XVII de varios autores, entre los que hay que citar una vez más a Pedro de Mena y a su maestro Alonso Cano, también granadino y uno de los artistas polifacéticos de más talla en su tiempo, a quien se le atribuye una escultura de San Lucas en este mismo lugar.

    Junto a la Catedral y en el marco de un patio de naranjos y jardines que rememoran la época musulmana como remanso para la meditación, está la Parroquia del Sagrario, obra que comenzó a construirse en 1488 pero que sólo conserva de su proyecto inicial la puerta tardogótica del siglo XVI, de la que hay que resaltar la parte superior, toda ella labrada en piedra, un friso en el que aparecen esculturas del cardenal Pedro de Mendoza y fray Hernando de Talavera, confesor de la reina Isabel la Católica, ofreciendo a la Virgen la mezquita ya consagrada después de que fuese adaptada al culto cristiano. Esta obra fue la primera que construyeron los cristianos después de conquistar la ciudad. En interior de esta iglesia llama la atención el magnífico retablo del altar mayor, rematado por un Calvario que está considerado como una de las mejores muestras de la escultura manierista.

    Muy cerca del Sagrario está el Palacio Episcopal, uno de los mejores ejemplos de la arquitectura civil de la ciudad. Consta en realidad de dos palacios, el primero del siglo XVI y el segundo, que ha sido residencia del obispo de la diócesis, está fechado en el siglo XVIII, con un estilo barroco que conjuga con la Catedral que tiene al lado. Su interior alberga el interesante Museo de Arte Sacro, que cuenta con una excelente colección de pintura y orfebrería , además de dos pequeños patios ajardinados con profusión de plantas. Lo más sobresaliente de la fachada principal es la portada dividida en tres cuerpos adintelados, el primero de los cuales es la puerta de acceso; el segundo es una balconada, y el tercero presenta una hornacina que alberga una escultura de la Virgen de las Angustias o la Piedad, obra de Fernando Ortiz realizada en alabastro.

    Justo por esta portada se entra a la parte del palacio que ha sido reformada y restaurada por la Junta de Andalucía para albergar muestras artísticas a modo de sala para grandes exposiciones, como las dos que ha habido sobre la obra de Picasso.

    Muy próximo al conjunto de los tres últimos monumentos reseñados, en la calle de San Agustín, se encuentra el convento que lleva su nombre, edificado a finales del siglo XVI. Un siglo después, fue construida su iglesia, que consta de tres naves y en la central destaca la capilla mayor con su retablo del siglo XVIII.

    Justo al lado del convento se encuentra el Palacio de Buenavista, obra del siglo XVI construida sobre el solar de una antigua casa noble musulmana que alberga el Museo de Bellas Artes. La portada es de estilo plateresco y presenta un magnífico torreón de huella mudéjar que contrasta con la traza general renacentista. El patio interior de columnas procede de una reciente restauración y otro más adentro, ajardinado y de inspiración mudéjar, contiene dos mosaicos de la época romana, uno procedente de la localidad de Cártama y representa el nacimiento de Venus, y otro aparecido en Benalmádena, de dibujos geométricos.

    Este museo, el más dotado de la ciudad, cuenta con una veintena de salas repletas de pinturas y esculturas de diversos artistas de gran relieve, como Murillo, Zurbarán, Morales "El Divino", Alonso Cano, Ribera, Luca Giordano, y de épocas más recientes hay obras de Sorolla, Martínez Cubells, Picasso y una buena colección de pinturas de la escuela malagueña del siglo XIX, representada en este caso por Moreno Carbonero, Muñoz Degrain, Simonet, Nogales, etc.

    Desde la calle de San Agustín, donde está el citado museo, se desemboca en la calle Granada y desde esta a su vez en la plaza de la Merced, probablemente la que tiene más sabor y color de Málaga en lo que se refiere al siglo XlX. Aquí se conserva restaurada la casa natal de Pablo Ruiz Picasso, convertida por la fundación municipal Picasso en museo y biblioteca de la amplísima bibliografía que existe sobre el internacional y genial pintor. En el centro de la plaza se alza un obelisco que fue colocado en 1842 para conmemorar el fusilamiento del general Torrijos y sus compañeros liberales el 11 de diciembre de 1831 en las playas de San Andrés. Junto a la plaza, todavía en la calle Granada, se alza la iglesia parroquial de Santiago, que data del siglo XVI y se edificó sobre el solar de una antigua mezquita.

    Esta iglesia fue restaurada a principios del siglo XVIII con elementos del barroco a base de yeserías, utilizando motivos vegetales y dos colores para destacar determinadas partes de la decoración. También de esta época son las bóvedas que ocultan las armaduras mudéjares de las cubiertas. Cabe resaltar también la torre campanario mudéjar, la fachada blanqueada de tres portadas, el coro, las capillas y las valiosas obras de arte que atesora.

    Siguiendo el recorrido por el centro histórico de la ciudad y de vuelta sobre los propios pasos por la calle Granada, se desemboca en la plaza de la Constitución, llamada así en conmemoración de la Carta Magna del 6 de diciembre de 1978 y en uno de cuyos laterales lo testifica un monolito y el alto mástil donde ondea la bandera nacional. Esta plaza fue después de la conquista cristiana el centro de la vida al contar con los principales edificios civiles y varias iglesias en un radio de unos pocos cientos de metros, tales como la Casa Consistorial, la Casa del Corregidor, la Audiencia, la cárcel y otros, como la llamada Casa del Consulado, construida a finales del siglo XVIII para albergar a instituciones como el Montepío de Socorro de los Cosecheros, el Consulado Marítimo y Terrestre, y la Sociedad Económica de Amigos del País. Este edificio fue declarado en 1923 monumento histórico-artístico.

    A escasos metros, en la misma entrada de la calle Compañía, se encuentra la iglesia del Santo Cristo de la Salud, obra que data de principios del siglo XVII (1626). Este templo, que perteneció a los Jesuitas, tiene la singularidad de que es de planta circular y lo corona una espectacular cúpula. Elemento relevante es el retablo mayor, tallado en madera con cierto dramatismo y policromado en 1633. Frente a este espacio está la tumba de Pedro de Mena.

    Y un poco más al norte, en la calle de los mártires, se halla la iglesia que lleva el mismo nombre. Se trata de un edificio construido a partir del año 1491 por orden de los Reyes Católicos, aunque su actual configuración ampliada data del siglo XVIII y por tanto con una rica muestra del barroco andaluz a base de escayola dorada que cubre los muros y bóvedas.

    Todavía en el casco histórico, en la zona cuyo trazado urbano es de la época medieval, se encuentra el llamado Mesón de San Rafael, construido a mediados del siglo XIX como posada. Y un poco más al sur, en el pasillo de Santa Isabel, está el Museo de Artes y Costumbres Populares, que tiene la singularidad del propio edificio que lo alberga, construido a mitad del siglo XVIII, como el contenido del mismo, que refleja una impresionante colección de objetos, utensilios, ajuares, mobiliario, herramientas, pinturas, dibujos, carteles, esculturas, desde lo más artístico a lo más banal de los siglos pasados. Este museo es el fiel reflejo de la vida malagueña, tanto de ciudad como del medio rural de épocas anteriores a la actual. Casi en el límite de lo que fue el recinto amurallado de la ciudad árabe se encuentra el llamado mercado central de Atarazana, que debe su nombre a la monumental puerta procedente de un edificio desaparecido, cuya portada es de las más características del arte musulmán, con arco de herradura en la parte central que da acceso a la actual construcción neomudéjar, obra del siglo XIX de Joaquín Rucoba, que alberga el principal mercado público de la ciudad.

    Y para concluir este recorrido del casco viejo hay que mencionar algunas calles e hitos que han hecho historia en la ciudad, como el monumento al marqués de Larios, levantado a finales del siglo XX en la entrada de la calle que lleva su nombre y que es obra del escultor Mariano Benlliure; la propia calle Larios y las adyacentes, en su mayoría peatonales, que conservan su estructura y trazado árabes, donde se asientan numerosas tiendas del pequeño comercio especializado.

    Pero todavía en el lado de la margen izquierda del río Guadalmedina, entre el Paseo de los Curas y la avenida de Cervantes, discurre paralelo al puerto el Paseo del Parque, que fue diseñado y construido en terrenos ganados al propio puerto como un auténtico museo botánico, quizás el mejor de Europa en cuanto a especies subtropicales, y abriéndolo por La Coracha y la Malagueta, la fuente de Las Tres Gracias en su actual y tercer emplazamiento desde que fuera colocada a finales del siglo XIX en la actual plaza de la Constitución. Un paseo por el puerto marítimo y a su entrada está la Plaza de la Marina, que perdió su antigua fisonomía por una modernísima concepción arquitectónica y aparcamiento subterráneo que al construirse afloró un trozo de la antigua muralla medieval que cerraba la ciudad, justo al lado mismo de la fachada del palacio de la Diputación Provincial.

    El santuario de la Virgen de la Victoria, fuera del casco histórico y en la parte alta de expansión de la ciudad, fue construido para albergar la imagen de la Virgen que había llegado con el séquito de los Reyes Católicos y que tras la conquista de la ciudad en agosto de 1487 habría de convertirse en patrona de Málaga. A finales del siglo XV, según cuenta la tradición, el Rey Fernando autorizó la construcción del monasterio para los franciscanos Mínimos y una nueva iglesia que fue consagrada a principios del siglo XVI.

    A finales del siglo XVII, por el estado ruinoso en que se encontraba el convento se procedió a la reconstrucción, gracias a la ayuda del Conde de Buenavista, inaugurándose justo en el año 1700. Ya en nuestros días, el santuario ha sido restaurado, incluyendo en el proyecto la urbanización de su explanada. En el interior de la iglesia, ejemplo del barroco andaluz, destaca el magnífico conjunto que forman la cripta y el camarín que acoge la imagen de la Virgen. También hay que destacar la iglesia de San Felipe Neri, construida a finales del siglo XVIII con proyecto del arquitecto Ventura Rodríguez y ejecución de otro artista de la arquitectura como fue José Martín de Aldehuela.

    Fuera del casco histórico, en la margen derecha del río Guadalmedina donde se asientan barrios de tanta historia popular como los de la Trinidad y el Perchel, existen otros monumentos de notable interés arquitectónico, pero antes hay que hacer mención a uno de los puentes que cruzan este cauce, generalmente seco pero que en los primeros años de la actual década de los 90 ha experimentado una profunda transformación en su parte próxima a la desembocadura. Se trata del puente de Santo Domingo, construido con donaciones de la colonia alemana por el comportamiento heroico de los malagueños al salvar de un naufragio a la tripulación de un barco de guerra de la marina alemana.

    En cuanto a los monumentos, hay que citar necesariamente el Convento de Santo Domingo, que data de finales del siglo XVI, si bien por causa de los desbordamientos del río y consiguientes inundaciones en dos ocasiones durante el siglo XVII tuvo que ser reconstruido en estilo diferente del gótico mudéjar original. Posteriormente, de nuevo tuvo que ser restaurado al ser incendiado en 1931. La iglesia parroquial de San Pablo, levantada a mediados del siglo XVII y reconstruida a finales del XIX, para años más tarde, tras un incendio, volver de nuevo a reconstruirse. El antiguo convento de la Trinidad fue convertido en cuartel militar con la Desamortización del siglo XIX. En el Barrio de Perchel se levanta la iglesia parroquial de San Pedro, del primer cuarto del siglo XVII.

    Pero Málaga cuenta con otras tres joyas de la botánica, además de la referida del Parque. Se trata de la Finca de la Concepción, La Cónsula y El Retiro, cuyo edificio y espectaculares jardines, expresión del barroco del XVIII, se deben al talento del arquitecto Aldehuela. Algunos cronistas dicen que estos son los mejores jardines privados que existen en España.

    Compras

    La capital malagueña se puede considerar como el gran centro artesano de la provincia. Prácticamente existen especialistas en todos los órdenes, como la cerámica, el metal, muebles de madera, objetos diversos de madera, piel y cuero, joyería, textil, fibras vegetales, vidrio, encuadernación, cera y parafina, juguetería y muñecos, talla de mármol, etcétera.

    Gastronomía

    La capital de la provincia, es desde el punto de vista gastronómico, el compendio de lo mejor y más popular de la cocina malagueña de la que viene tratándose aquí. Durante todo el año, son propios el adobo, los arenques, el arroz a la marinera, los boquerones en vinagre, cóctel de gambas, la ensalada malagueña o de bacalao con aceitunas y naranja, el gazpachuelo, las gambas al pil pil, las gachas, la sopa de pescado, los espetos de sardinas y la fritura de pescado de la Bahía.

    En invierno, son platos habituales la berza de coles, la cazuela de fideos, los espárragos, el puchero, la sopa de ajo, la sopa de boquerones y la malagueña. En verano no pueden faltar las tradicionales sopas frías, como el ajoblanco con uvas y el gazpacho.

    Fiestas y tradiciones

    El calendario festivo es amplísimo en Málaga si se tiene en cuenta que prácticamente todos los barrios tienen sus propias fiestas populares. Pero ciñéndose al conjunto de la ciudad, hay que comenzar hablando de la Cabalgata de Reyes Magos, el 5 de enero. A finales de febrero se celebra la semana de Carnaval. En la madrugada del 23 al 24 de junio, playas y barriadas por pequeñas que sean queman los tradicionales "júas", y como celebración entre las grandes figura sin duda la Semana Santa y los majestuosos desfiles procesionales que congregan a multitud de visitantes, muchos de los cuales llegados expresamente de fuera. A mediados del mes de julio, la Virgen del Carmen y la tradicional procesión marinera.

    También a mediados de agosto tienen lugar las fiestas mayores, la feria que conmemora la incorporación de Málaga a la corona de Castilla en el año 1487. Aquí hay que resaltar, no sólo la llamada feria de día que se celebra en el casco histórico, incluyendo el desfile de coches de caballos y caballistas ataviados con la vestimenta típicamente malagueña y andaluza, sino también la feria taurina del coso de La Malagueta con la intervención de los primeros matadores nacionales y sudamericanos.

    A finales de diciembre, el día 28 y ya muy metidos en las fiestas de Navidad y Noche vieja, tiene lugar la Fiesta Mayor de Verdiales, que cambió hace unos años de escenario desde la Venta del Túnel a la de San Cayetano, en la barriada del Puerto de la Torre.



Información Adicional

Teléfono

Ayuntamiento

952 75 83 77

Ambulatorio 952 30 77 00
Policia Nacional 952 31 71 00
Bomberos 952 30 60 60
Ambulancia 952 30 30 34
Policía Local 092
Taxi 952 32 79 50
Autobuses 952 32 79 50
Guardia Civil 062

Página PrincipalIr a comarcasAnteriorSiguiente