ALMINARES, PALACIOS E IGLESIAS
Tras la conquista cristiana, aparece en Málaga un arte híbrido en el que se mezclan el musulmán y las nuevas tendencias cristianas: el mudéjar. Este se desarrolló principalmente en iglesias y conventos, mientras que los edificios de mayor rango, la Catedral de Málaga y los templos más importantes de Antequera y Ronda, se orientan hacia el nuevo estilo oficial
Junto a la arquitectura mudéjar, que se extendió prácticamente
por toda la provincia, empiezan a aparecer elementos traídos por
los conquistadores, propios del gótico tardío y del primer
renacimiento.
Al gótico tardío pertenecen los conventos de Santo Domingo y San Francisco, en Ronda; el monasterio de San Zolio, en Antequera y la parroquia del Sagrario, en Málaga. El primer renacimiento va a manifestarse en el Arco de los Gigantes y la Colegiata de Antequera, así como en la Catedral de Málaga.
La disposición de los Reyes Católicos para que se dotara de edificios propios a los concejos de ciudades y villas hizo que surgieran numerosas edificaciones municipales. De los pocos ejemplos que aún se conservan en la provincia hay que citar al Ayuntamiento de Marbella, así como al palacio episcopal de Málaga, que forma parte del capítulo de la arquitectura civil, aunque es eclesiástico.
La arquitectura doméstica de esta época se ve potenciada
por la construcción de numerosos palacios en las principales ciudades
de la provincia. Entre ellos pueden destacarse el de los Condes de Buenavista,
en Málaga; el de Mondragón, en Ronda; el de los Marqueses
de la Peña de los Enamorados, en Antequera y la llamada Casa de
Cervantes, en Vélez-Málaga.
Entre los siglos XVI y XVII las tendencias del manierismo procedentes de Italia se van a introducir en la arquitectura malagueña, con una especial incidencia en la ciudad de Antequera. Aquí se producen importantes remodelaciones en los conventos de San Agustín y San Zoilo, así como en la iglesia del Carmen; la iglesia de los Remedios se construye ya con los cánones manieristas. Otras realizaciones destacables en este orden se producen en Archidona (Iglesia de la Victoria), Vélez-Málaga (Convento de San José) y Ronda (con algunos conventos como el de la Merced).
Durante el siglo XVII la remodelación y / o ampliación de numerosas parroquias de toda la provincia, que se construyeron de forma acelerada tras la conquista cristiana ( a menudo sobre antiguas mezquitas), va a producir una notable transformación en el patrimonio histórico-artístico. Churriana, Gaucín, Yunquera, Monda, Guaro, Alozaina, Arriate, Casarabonela, Algatocín, Benalmádena y Torrox serían las primeras poblaciones que se vieron afectadas por esta política de remodelación. Más adelante les seguirían la propia ciudad de Málaga y Antequera, para completar el siglo XVII con Colmenar, Frigiliana, Nerja, Jubrique, Cartajima, Casares, El Burgo, Montejaque y Ronda.
La arquitectura civil de este siglo fue menos activa que la religiosa, pero hay que destacar otras públicas o de promoción municipal que tendrían amplia incidencia en el desarrollo de Málaga; entre ellas la construcción del puerto, la ordenación y restauración de torres costeras y defensas del muelle así como la construcción de nuevos fuertes. Fuera de la ciudad de Málaga destacan la Casa de los Pardo y el palacio de la Marquesa de Escalonias, en Antequera; la Casa Consistorial de Vélez-Málaga; el Puente Viejo, el Cuartel de Milicias (hoy Ayuntamiento) y la reforma del palacio mudéjar de Mondragón, en Ronda.
Por último, hay que resaltar dentro de este siglo XVII la figura del escultor Pedro de Mena, y el característico patetismo de sus imágenes que va a ser un rasgo importante en la escultura religiosa.
Después de la etapa manierista, el barroco marcará uno de los períodos más brillantes del arte malagueño. Tallistas, imagineros y arquitectos desarrollan una gran actividad en numerosos edificios de la provincia, haciendo así una valiosísima aportación al barroco andaluz.
Uno de los aspectos más destacables de esta época van
a ser las transformaciones decorativas que se extienden por toda la provincia
desde principio del siglo XVIII. Buenos exponentes de esta tendencia son:
la Iglesia de Santiago, en Málaga; la Capilla del Buen Pastor, en
Vélez-Málaga; el Sagrario, de Casarabonela; la ermita de
Cártama; el Camarín de la Fuensanta, en Coín y la
Iglesia Madre de Dios, en Ronda. Pero donde la ornamentación barroca
alcanza más esplendor es en la ciudad de Antequera. Allí
las iglesias de San Juan de Dios, de Belén y Santa Catalina, así
como los camarines de los Remedios, el Carmen de la Virgen del Rocío
en la iglesia de Santo Domingo son bellos exponentes de esta actividad
decorativa.
Junto a las remodelaciones y ornamentaciones, el barroco malagueño también aporta realizaciones arquitectónicas notables, destacando de nuevo la ciudad de Antequera, muy favorecida en el siglo XVIII por su situación geoestratégica entre la Alta y la Baja Andalucía. Aquí, la Iglesia de Santa Catalina, la bella torre de San Sebastián, entre las realizaciones religiosas, y el palacio del Marqués de Villadarías entre las civiles son obras representativas. Fuera de Antequera las obras más importantes aparecen en Ronda (Templete de Ntra. Sra. de los Dolores), Vélez-Málaga (Iglesia de las Carmelitas Descalzas), y Archidona (Camarines del Convento del Dulce Nombre).
En este siglo XVIII hay que destacar también la reanudación de las obras en la Catedral de Málaga paralizadas en el siglo anterior. El arquitecto elegido para este fin, José de Bada, representa la conexión del barroco granadino con Málaga.
En la segunda mitad del siglo XVIII la arquitectura malagueña empieza a moverse entre el rococó y el barroco-clasista. Se modifican las tendencias decorativas, que ahora son más finas y sensuales, y se presta una especial atención al espacio urbano destacando una vez más la ciudad de Antequera, con ramificaciones notables en ciudades próximas, como es el caso de Archidona, en donde se construye la Plaza Ochavada. Esta dedicación al espacio urbano va a tener, además, una manifestación artística singular, la santificación de dicho espacio con capillas callejeras, que ahora se construyen o se remozan.
Todas estas tendencias también se van a manifestar en la ciudad de Ronda, sobre todo a finales del siglo XVIII, destacando la construcción del Puente Nuevo, el palacio de Salvatierra (construido sobre otro anterior que conservaba parte mudéjar) y la plaza de toros de la Real Maestranza.
Otro gran foco rococó fue la ciudad de Málaga con realizaciones como la iglesia de los Mártires o remodelaciones como la iglesia de la Merced, hoy desaparecida, pero aquí la mayoría de las obras van más en la línea barroco-clasicista, siendo uno de los exponentes más significativos la ermita de la Zamarrilla. En el ámbito de la arquitectura civil hay que resaltar el núcleo privado del Palacio Episcopal y los jardines del Retiro de Churriana.
La fiebre urbanizadora de este siglo también va a tener un importante reflejo en Málaga, con remodelación de barrios, como los de Trinidad y el Perchel, ordenación del centro histórico, como la estructura como la Alameda Principal, la Alameda de Capuchinos o el puente del Acueducto de San Telmo sobre el arroyo Humaina.
Un nombre estrechamente unido a la producción del barroco clasicista malagueño es el del arquitecto aragonés Martín de Aldehuela, que dirigió una buena parte de la arquitectura civil de la época, así como las remodelaciones urbanísticas.