DESDE LA PIEDRA AL METAL
La rica historia de la provincia de Málaga, favorecida por la
situación estratégica de sus tierras en el trasiego de distintas
culturas, nos permite contar con un abundante patrimonio histórico-artístico
que se remonta hasta la época cuaternaria, con las primeras muestras
de arte parietal desarrolladas por el hombre del paleolítico en
las grutas de la provincia. Las figuras zoomorfas y los símbolos
aparecen en varias cuevas, entre las que hay que destacar la de Doña
Trinidad (Ardales), la de Nerja, la del Toro, la de Navarro y, sobre todo,
la Cueva de la Pileta.
Los artistas paleolíticos nos han dejado excelentes grabados en la Cueva de Doña Trinidad y abundantes pinturas en casi todas las estaciones rupestres de Málaga, destacando las que han aparecido en todas las anteriormente citadas.
Durante el neolítico los pobladores de la provincia se incorporan pronto a los nuevos esquemas, como lo demuestran las cerámicas halladas en la Cueva de Nerja y en la de las Goteras (Mollina). Posteriormente aparecen muestras de arte neolítico en las Cuevas de la Pulsera (Algarrobo), Hoyo de la Mina y en la misma Cueva de Nerja. Los hallazgos consisten en brazaletes de mármol o pizarra, cuentas de collar realizadas en concha y, por supuesto, la cerámica de decoraciones incisas, pintadas y las llamadas peinadas. Los hallazgos de cerámica pertenecientes al final del neolítico adquieren una especial importancia en el interior de la provincia, con muestras representativas en la Cueva de las Palomas.
En la transición de las comunidades neolíticas a las metalúrgicas, durante la época conocida como calcolítico, aparece en la provincia una manifestación artística de especial relevancia, el megalitismo unido a los rituales funerarios. En el área de Ronda destacan las necrópolis de los Gigantes, Gastor y Montecorto; en el Valle del Genal aparecen otras de este tipo en Encinas Borrachas y Cortijo de la Mimbre. Pero tanto por su importancia monumental como por su emplazamiento, la necrópolis de Antequera constituye la principal área megalítica de la provincia; en ella destacan los sepulcros del Romeral, Viera y Menga, siendo este último uno de los más monumentales de la península.
Además de las áreas citadas también conservan muestras de la cultura funeraria de la época Villanueva del Rosario (necrópolis del Tardón), Casabermeja (Chaperas), así como junto a las pequeñas sierras que aparecen en la depresión de Antequera (Sierra de Humilladero, Alameda, Villanueva de Algaidas y Archidona). De todas ellas, destaca la de Villanueva de Algaidas (necrópolis de Alcaide) por el número de sepulturas y por la calidad de algunos de sus ajuares.
Las poblaciones que habitaron esta provincia durante el tercer milenio a. C. dejaron manifestaciones artísticas cargadas de fuerte simbolismo y constituyen la muestra de arte esquemático de la provincia, siendo las representaciones más destacables las que aparecen en la Cueva de la Pileta, el abrigo de los Porqueros, Alcaide, los abrigos de Cabrera y Tajo del Molino. Las figuras más usuales son ancoriformes, tipo "golondrina", arboriformes, "placas", en aspas y onduladas.
Durante la edad de bronce, en el segundo milenio a. C., junto a la producción creciente de útiles metálicos, aparece un cambio destacable en los estilos de la vajilla cerámica y una transformación en los ritos de enterramientos. Las cerámicas lisas son una constante, aunque con bruñidos que dan a su superficie el aspecto metálico propio de la cultura algárica, mientras que la transformación de los rituales funerarios se caracteriza por el enterramiento individualizado, con sepulturas de menor tamaño que las de la época calcolítica. La necrópolis de Alcaide (en Villanueva de Algaidas), en la que apareció un ajuar de la Edad de Bronce, se aprecian estos cambios.