Cómpeta Superficie
en kilómetros cuadrados: 5470 km². Altitud sobre el nivel del mar: 636 metros.
Desde los montes a la sierra, pasando por el pueblo, Cómpeta es de los enclaves urbanos más espectaculares de la provincia. Para los amantes de la montaña, un recorrido por la pista forestal que se dirige a Venta Panaderos por la Casa de la Mina, puede convertirse en una excursión inolvidable con espléndidas vistas de los cerros Verde, de las Tres Cruces, del Cisne y tantos otros que hacen de las entrañas de Sierra Almijara un maravilloso escenario natural. A los pies del pueblo se divisan los montes de la Axarquía, de relieve más humilde que el de la sierra, pero de un paisaje no menos bello. Allí el hombre ha transformado el entorno llenándolo de viñas salpicadas por casas blancas, muchas de ellas con los típicos paseros en los que se seca la uva para convertirla en el exquisito postre de la pasa. La abundancia de manantiales, su situación en el paso de uno de los antiguos caminos que cruzaban la sierra de Granada y Málaga, su buen clima y el refugio que ofrece la montaña ante posibles invasores tuvieron que favorecer la presencia del hombre en estas tierras desde tiempos muy remotos. Pero la historia conocida de Cómpeta comienza a partir de la conquista de Vélez-Málaga en el año 1487. Poco tiempo después de la conquista cristiana, los moriscos de Cómpeta se unieron a la rebelión que los suyos emprendieron en la Axarquía haciéndose fuertes en el Peñón de Frigiliana. Aguantaron varios ataques de las tropas cristianas pero el 12 de junio de 1569 cayó esta fortaleza y, a pesar de que murieron la mayoría de los defensores, los que escaparon con vida siguieron hostigando a los cristianos por cortijos y posesiones de la iglesia, lo que obligó a reforzar la guarnición para poder controlar mejor el posible paso de moriscos desde Granada. A partir de 1570, estas tierras se repueblan con cristianos viejos venidos de Sevilla, Baena, Estepa y Puente Genil, entre otras poblaciones.
Además del posible recorrido por las calles empinadas del pueblo, en el que las casas presentan su tradicional construcción de estilo árabe de una o dos plantas y arcos de medio punto achatados para el acceso, en la plaza principal está situada la iglesia parroquial de la Asunción, construida a finales del siglo XVI y restaurada posteriormente, Es de planta de tres naves separadas por arcos de medio punto que descansan sobre pilares octogonales. En su exterior, reformado por los daños sufridos por el terremoto de 1884, la portada es de arco adintelado y espadaña de frontón con una hornacina. Pero sin duda el conjunto gana en espectacularidad con la torre neomudéjar levantada en ladrillo visto, de cuatro cuerpos, el segundo con ángulos achaflanados y el superior, rodeado de una baranda de hierro, y en forma de templete con cúpula semiesférica. Existen en Cómpeta dos ermitas, la de San Sebastián y la de San Antón, ambas del siglo XVIII.
Sin duda su producto más demandado es el vino que lleva su propia denominación, pero además existen labores artesanas salidas de talleres de forja y fragua, de las manos que moldean el barro y que entrelazan la pleita de esparto para objetos caseros.
Por su tradición artesana y calidad hay que mencionar en primer lugar sus vinos, tanto el moscatel como el semidulce y el seco. Entre los platos más sobresalientes destacan en invierno el potaje de hinojos y las migas. La calabaza frita, la tortilla de Semana Santa, que se suele tomar en primavera, el lomo al ajillo, el choto, la asadura a lo pastoril y los potajes de vigilia a base de garbanzos, patatas, bacalao y algo de verdura (espinacas), completan esta interesante oferta gastronómica.
Extenso es su calendario de celebraciones. El 3 de mayo, día de la Cruz, tiene bastante arraigo y tradición con todo lo que conlleva de fiesta de primavera, como ocurre con el Corpus Christi y el engalanamiento general del pueblo. La feria popular se desarrolla a finales de julio con la romería de San Sebastián y ya el 15 de agosto tiene lugar la gran fiesta del vino, que en los últimos años, y cada vez más, está tomando gran fuerza popular que trasciende los límites del entorno municipal y comarcal. En septiembre, los días 7 y 8, vuelven a iluminar el campo y los cortijos las llamas de las candelarias.
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