La provincia de Málaga que hoy conocemos es fruto de una larga historia de
atinos y desatinos entre el hombre y el medio natural; es fruto de un largo proceso que
hoy ofrece al visitante el encanto de la variedad y, al mismo tiempo, el espíritu común
de lo malagueño.
Variedad de gentes, tierras y paisajes que se unen en las
raíces de una rica historia, forjada entre el cobijo de las sierras y la caricia del mar.
En cada valle, en cada sierra, en cada altiplano, la variedad es comarca, es un retazo de
historia hecho paisaje. Paisaje misterioso, casi embrujado en la Málaga serrana de Ronda;
cereal, vega, olivar y señorío en la planicie de Antequera. Aguas abajo del Guadalhorce,
el valle es camino, huerta y río entre la serranía y los montes; laberinto de lomas, que
al este del Guadalmedina extienden por la Axarquía olivos, almendros y viñas. Y a
poniente del Guadalhorce, la Costa del Sol colorista y bulliciosa en la que se funden,
coqueta y galanamente, la montaña y el mar. |