El río Guadalhorce, después de recoger las aguas de la comarca de Antequera
y cruzar la cordillera por el Desfiladero de los Gaitanes, se hace adulto y forma su
propio valle, el del Guadalhorce, el más importante de Málaga. Un valle que es al mismo
tiempo camino y corredor fértil de huertas y gentes, y anfiteatro de sierras que aportan
sus aguas, su cobijo y su paisaje. Huertas salpicadas de casas de labranza y caseríos,
cruzadas por carreteras, caminos, ferrocarril y canales; huertas que cubren el fondo del
valle y trepan en bancales por cabezos y pequeñas colinas; huertas en fin de un paisaje
de vida que lucha entre el ser y el haber sido.
Al oeste de Coín los pueblos del valle se acercan a la
montaña y ponen en contacto valle y serranía. Por Monda y Guaro aun suben las huertas
entre bancales hasta las proximidades de los pueblos, pero ya llegan solas entre olivos y
secanos que marcan la frontera entre la vega y la sierra. Sierra Alpujata en Monda, de
alcornocales que por Moratán y Gaimón, al pie de Sierra Canucha, entran en Tolox y se
mezclan con pinos y castaños en el Cerro del Hinojar. Después, el paisaje asciende entre
pinos viejos por el tremendo barranco de los Horcajos hasta las cimas de la serranía,
para alcanzar las umbrías y planicies por las que vagan pinsapos y quejigos centenarios.
Y esto, amigo viajero, también es el Valle del Guadalhorce. |