Casares Superficie en kilómetros
cuadrados:162 km². Altitud sobre el nivel del mar: 435 metros.
Entre la Serranía de Ronda, la Costa del Sol y el Campo de Gibraltar se sitúa Casares, un paisaje de rocas rojas hendidas por profundas gargantas en Sierra Bermeja; de bosquetes y rodales de pinos que han sobrevivido a los incendios, y por sus umbrías trepan hasta la cima para unirse en Los Reales (1.440 m.) a la avanzadilla de los pinsapos de la Serranía. Más al oeste, la sierra se convierte en atalaya de calizas en Crestellina para vigilar desde su cima la entrada al valle rondeño del Genal. Allí entre tajos y cresterías vive una de las colonias de buitre leonado de la península. Unas aves que con casi dos metros de envergadura atraviesan diariamente el cielo de Casares desde Crestellina a la Utrera, añadiendo con su majestuoso planeo un atractivo más a la zona. La Utrera es una pequeña sierra coronada por las formas kársticas típicas del Torcal de Antequera, pero de menores dimensiones, situada al sur del municipio; al pie de la profunda hendidura que la divide en dos (Canuto de la Utrera) se encuentra un paraje casi desconocido en el que la historia se da cita en los baños romanos de La Hedionda. En la mitad occidental del municipio, el valle del Guadiaro es el gran protagonista después de haber recogido a su afluente el Genal. Su recorrido divagante por la llanura de aluvión está acompañado de huertas que se extienden hasta su salida al mar, ya por tierras gaditanas. Entre estas huertas y las sierras, se abren suaves colinas cubiertas de campos de cereal y dehesas que son un claro presagio del Campo de Gibraltar. Y en medio de este campo se alza Casares, medio escondida entre las estribaciones de la sierra, extendida por las laderas de una gran peña coronada por la historia de los restos de un castillo que configura uno de los pueblos más bellos de la provincia. Los hallazgos realizados en los abrigos y cuevas de Ferrete, Crestellina, Utrera, Pelliscoso, cerro de La Novia y en el Cortijo de Alechipe (o Alepiche) muestran la presencia del hombre prehistórico en estas tierras. El Cortijo de Alechipe ha aportado, además, interesantes restos que pudieron pertenecer a la ciudad romana de Lacipo, edificada a su vez sobre un poblado íbero. Cabe destacar los fragmentos de estatuas que se conservan en el Ayuntamiento. También han aparecido vestigios romanos en Sierra Crestellina y en la Torre de la San en la costa. Durante el período romano Casares llegó a tener acuñación propia de moneda y cuenta la tradición que Lacipo fue construida por Julio Cesar para agradecer la curación de una enfermedad cutánea tras bañarse en los Baños de la Hedionda. El núcleo urbano actual es de origen árabe. De aquél período quedan las ruinas de la fortaleza en lo alto de la peña en la que se levanta el pueblo. Posiblemente en torno a este castillo surgieron las alquerías que darían lugar a la formación de Casares. En la segunda mitad del siglo XVI el pueblo fue escenario de capitulaciones por las que se puso fin a una de las sublevaciones moriscas. En 1795 se produjo la segregación de Manilva con privilegio de villa. En su historia más reciente Casares tiene en su honor el haber sido la cuna de Blas Infante Pérez de Vargas, abogado laboralista, político y escritor que está considerado como la máxima figura histórica del andalucismo. Nació en 1885 y murió durante la contienda civil de 1936.
Casares forma parte importante del catálogo de pueblos blancos malagueños asentados sobre la montaña, en este caso sobre dos cerros y su correspondiente hondonada, por lo que su propia configuración urbana de origen árabe es ya de por sí un importante atractivo para el turismo que recala en la vecina Costa del Sol. De la belleza es este pueblo da idea el hecho de que está declarado Conjunto Histórico-Artístico desde el año 1978. En la parte alta del pueblo se encuentran tres de los elementos arquitectónicos más sobresalientes: las ruinas de su fortaleza árabe, el cementerio y la iglesia parroquial de la Encarnación, del siglo XVI y construida con tres naves y sus correspondientes bóvedas que se hundieron, está en proceso de restauración y por tanto no abierta al culto. Su lugar lo ocupa la iglesia del convento de los capuchinos, del siglo XVI, de planta de cruz latina y una sola nave cubierta con bóveda y cúpula sobre el crucero. La otra iglesia de Casares es la de San Sebastián, del siglo XVI. También está el convento de Santa Catalina, del siglo XVI, y como obra civil, la fuente de la plaza (S. XVIII). Otros lugares de notable interés arqueológico y ecológico son el abrigo de los Paredones, las cuevas de Ballesteros, las de la Hedionda (necrópolis del neolítico), de Crestellina y la del Gran Duque; las simas de los Huesos y de Pito Díaz, y ya en el litoral que corresponde a este municipio, la Torre de la Sal, que data del siglo XVI. De la época contemporánea merece destacarse por su significado histórico la casa natal de Blas Infante.
La producción artesanal de Casares se basa en objetos de esparto, pleita, bordados, joyería y bisutería, cerámica, vidrio y labrado de madera para la fabricación de puertas artísticas.
Entre los platos más representativos que se toman figuran el conejo cocinado de distintas formas. En invierno son típicas las sopas de maimones, las gachas, el guisado de patatas y la morcilla de chivo. En verano, la gente de Casares toma una modalidad propia de gazpacho, como muy propio es el vino blanco que obtiene de sus vides.
En la primera quincena de agosto tiene lugar la feria. El día de la patrona, la Virgen del Rosario, se celebra en la primera semana de septiembre y a mediados de este mismo mes la llamada feria del Cristo. Una romería que trasciende el término municipal se celebra en honor de la patrona en el mes de mayo. Cabe resaltar que en este pueblo se canta y se baila un peculiar fandango llamado casereño.
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