Benaoján Superficie en kilómetros
cuadrados: 3190 km². Altitud sobre el nivel del mar: 565 metros.
Benaoján, situado a 565 metros sobre el nivel del mar, extiende sus casas por el pequeño valle del arroyo de Montejaque, desde el pie de la Sierra de Juan Diego hasta el río Guadiaro, al que sale por la Barriada de la Estación. Aunque la mayor parte de las tierras del término forman parte del valle del río Guadiaro, las sierras que dominan el paisaje del municipio (la ya citada de Juan Diego - 1.298 m.- y la del Palo - 1.041 m.-) están estrechamente unidas al conjunto montañoso conocido como Sierra de Libar y a través de ella al Parque Natural de la Sierra de Grazalema, que se extiende en su mayor parte por la provincia de Cádiz. En su conjunto el paisaje de Benaoján es muy accidentado, especialmente a medida que el río Guadiaro se va encajando entre las sierras al sur del municipio. En ese panorama resalta el fuerte contraste entre la caliza desnuda y el bosque de encinas que se encarama a media ladera. Las sierras, además del atractivo general que presentan, ofrecen en su interior parajes de gran belleza, tales como El Pozuelo o la pequeña planicie próxima a la Cueva de la Pileta. También tienen atractivo algunos lugares del valle del río Guadiaro, como el Tajo de la Dehesa y las inmediaciones de la Estación. En las sierras calizas de Benaoján abundan cuevas que pudieron estar habitadas por los primeros pobladores de la provincia. En ellas y en sus alrededores se han encontrado hachas y otros utensilios de piedra, restos humanos fosilizados, trozos de cerámica y pinturas rupestres. La más famosa es la Cueva de la Pileta; en ella hay muestras de pinturas rupestres de períodos muy diversos. Otra gruta importante es la Cueva del Gato, junto al río Guadiaro. Aquí, al interés arqueológico se une al geológico, ya que por ella salen las aguas del río Guadares tras un recorrido subterráneo de 4 kilómetros. Como en la mayor parte de los pueblos de la provincia, el período mejor documentado es el de la presencia árabe. El nombre del pueblo para unos significa - hijos de Oján- (tribu berebere) y para otros -casa de panadero-, aunque nos inclinamos por el primero, ya que el prefijo Ben significa -hijo de-. El castillo de Benaoján se rindió a las tropas cristianas en 1485, pero los moriscos que continuaron en la villa se unieron a la rebelión del siglo XVI y una vez sofocada fueron expulsados de sus tierras.
El casco urbano conserva su configuración árabe y el monumento más representativo es la iglesia parroquial de Ntra. Sra. del Rosario, de mediados del siglo XVII, reformada en el siglo XVIII y hace unas décadas. De su primitiva construcción es la bóveda gótica que cubre el presbiterio, mientras que el resto está cubierto de armadura de madera. La portada es un arco de medio punto con frontón, en el que una hornacina aloja la imagen de la virgen, y la torre consta de dos cuerpos rectangulares y uno más ochavado para las campanas. Benaoján tiene en sus afueras con un conjunto de cuevas de trascendencia prehistórica, como la de la Pileta, declarada en 1924 Monumento Nacional del Arte Rupestre por la cantidad, calidad y antigüedad de sus muestras pictóricas. La Pileta dista del pueblo unos tres kilómetros y fue descubierta en 1911 por el inglés Verner, como extranjeros fueron los arqueólogos que la estudiaron y establecieron las épocas de sus pinturas geométricas y figurativas. La otra gruta de notable interés arqueológico es la de Hundidero-El Gato, que en su día, guardó un riquísimo yacimiento que fue totalmente expoliado. De interés arqueológico son a su vez las cuevas de Alfaque, Cancho, la Cabaña, del Camarín, La Higuereta, etc., y desde el punto de vista paisajístico hay parajes como Las Montillas, la Sierra de Grazalema y la Torre del Moro.
Con independencia de que existen algunas creaciones de maestros artesanos que trabajan las varetas de mimbre y la caña, lo más destacable a efectos de compra y como industria de primer orden es la producción de chacinas derivadas del cerdo, sobre la que se basa su economía.
Los productos del cerdo son los más preciados y consumidos, entre ellos el lomo en manteca y los chorizos al vino. Completan la carta el conejo al ajillo y el gazpacho.
Las fiestas son el 25 de abril, San Marcos, y el 7 de octubre las patronales en honor de la Virgen del Rosario, cuando de nuevo se rinde culto a la industria chacinera mediante la degustación de sus productos.
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