Antequera Superficie en kilómetros
cuadrados: 81040 km². Altitud sobre el nivel del mar: 577 metros.
Antequera se extiende por la ladera de una pequeña colina, entre la Sierra del Torcal y una extensa llanura agrícola. Coronada por las murallas de su castillo y por la Basílica de Santa María, Antequera ofrece al viajero que se adentra por la carretera del Torcal un paisaje urbano característico de los grandes pueblos de Andalucía. Numerosas torres de iglesias y conventos sobresalen entre una arquitectura popular de cubiertas de teja árabe y fachadas de cal. Su término municipal, el más extenso de la provincia de Málaga (798 kilómetros cuadrados), ocupa la zona central de la comarca que lleva su nombre y se extiende desde el límite con la provincia de Córdoba, al norte, hasta las inmediaciones de los Montes de Málaga, al Sur. Aunque el paisaje dominante es llano o poco accidentado, Antequera tiene sierras muy importantes dentro de su municipio, entre ellas destaca la del Torcal. Una sierra caliza en la que la piedra, señora del paisaje, ha sido modelada por el agua, dando lugar a formas en las que la imaginación puede ver gigantones, monstruos, tornillos, castillos y hasta catedrales de piedra. Es como si la monumentalidad de la Naturaleza compitiera con la que el hombre ha dejado en la ciudad. En la llanura el paisaje es vega de cereal y huertas, salpicada de cortijos que hacen presagiar las cercanas campiñas de Córdoba y Sevilla. Y más allá de la vega, por el levante y el poniente, el relieve se ondula para terminar formando pequeñas colinas cubiertas de olivar. Un hito muy destacable sobre el paisaje de Antequera es la Peña de los Enamorados, una pequeña sierra separada por el río Guadalhorce de las montañas próximas, que erguida sobre la llanura, une al atractivo de su esbeltez la leyenda de cristiano y mora enamorados, que pusieron aquí fin a sus vidas y con ellas a la incomprensión de su amor. La situación de Antequera en el centro geográfico de Andalucía y en el corredor natural que a lo largo de la historia ha canalizado las comunicaciones entre la Alta y la Baja Andalucía, entre Granada y Sevilla, ha favorecido a lo largo de la historia un importante trasiego de hombres y culturas. Desde que el hombre de la Edad de Bronce decidió habitar estas tierras, dejando su huella en Menga, Viera y el Romeral con construcciones funerarias de primer orden, el poblamiento de Antequera ha sido continuo. En la antigüedad destaca la presencia de la dominación romana, a la que se debe el origen de la ciudad de Antequera (Antikaria -La Antigua-). En torno a esta ciudad surgieron otras como Aratepi y Singilia Barba, que estaban entre las más importantes de la Málaga romana. En el siglo Vlll tras la conquista de la ciudad por
Abdelaziz-BenMuza, ésta pasó a llamarse MedinaAntikaria, y más adelante Antikaria. A
los árabes se debe la construcción de las murallas de la Medina y de la Alcazaba, Como aportación importante a la economía local del siglo XIX hay que señalar la creación, o potenciación en algunos casos, del núcleo industrial antequerano de tejidos. Así mismo, durante este siglo se potenció la industria lanera junto con otras industrias tales como curtidos y siderometalurgia. Pero estos intentos industrializadores no pudieron competir con la estructura y tradición agraria de la comarca que terminó imponiéndose. En la actualidad Antequera vuelve a compaginar el carácter agrícola de su comarca con el resurgir de la actividad industrial, localizada fundamentalmente en el Polígono Industrial Comarcal.
La ciudad de Antequera, su conjunto histórico, es sencillamente la conjunción de su pasado histórico plasmada en una riquísima colección de arte compuesta por más de medio centenar de monumentos y edificios singulares de la arquitectura religiosa y civil que abarcan o arranca en la Edad del Bronce y concluye en el siglo XVIII. Resulta una tarea difícil describir en unas pocas líneas los muchos siglos de historia que contemplan dólmenes, colegiatas, iglesias, conventos, palacios, arcos, puertas, castillo y alcazaba, capillas, ermitas, casas señoriales, palacetes y hasta la propia trama urbana. Y es que, tras pasar por ella tantos pueblos, especialmente romanos y musulmanes, y quedar integrada en la Corona de Castilla, la ciudad crece renacentista y barroca, siendo este último período el que más la marcará dejando grandes obras arquitectónicas y urbanísticas. Dado el número de monumentos y su complejidad, nos limitamos a efectuar unos breves recorridos a modo de rutas y la primera propuesta discurre por la ciudad baja, partiendo desde la plaza de San Sebastián para concluir en la Puerta de Granada. En este camino se encuentran la mayoría de los conventos de clausura de impenetrable apariencia externa y cargados de obras de arte en sus dependencias. Así, podemos encontrar la Colegiata de San Sebastián y en el entorno urbano la Casa de los Bouduré, el Arco del Nazareno y una fuente renacentista trazada por Pedro Machuca en 1545. La iglesia data de mitad del siglo XVI con portada plateresca obra de Diego de Vergara (1548) y una torre de ladrillo la más alta de la ciudad--, que construyó el maestro Andrés Burgueño entre 1701 y 1706. Su interior es un museo de pintura y escultura. El convento de la Encarnación (Carmelitas Descalzas), adosado la Colegiata de San Sebastián, con su iglesia morisca granadina de una sola nave y capilla mayor en alto y armaduras mudéjares. El palacio de Nájera, hoy Museo Municipal, del siglo XVIII, destaca por su torre mirador como una de las más bellas de la arquitectura civil del barroco andaluz. El convento de las Catalinas (Dominicas) y su iglesia construida por Burgueño entre 1724 y 1735 con una sola nave cubierta con bóveda de medio cañón y capilla mayor con cúpula semiesférica. El convento de San José (Carmelitas Descalzas), cuya fachada del propio convento e iglesia dan a la plaza de las Descalzas. La fachada de la iglesia es genuina representación del barroco antequerano y el interior de ambos edificios son auténticos museos por la cantidad y calidad de obras pictóricas colgadas. El Palacio de los Marqueses de la Peña es de finales del siglo XVI y está construido bajo los cánones del mudéjar y el renacentista. Por su parte, el convento de la Victoria (Mínimos) cuenta con una iglesia del primer tercio del XVIII que se construyó siguiendo un esquema similar al de algunos modelos del barroco romano, de ahí que se considere que se aparta un tanto del resto de obras barrocas de Antequera. El convento de Santa Eufemia (o de las Mínimas) tiene a su vez una iglesia que repite la misma disposición del de la Victoria, aunque es algo posterior y tiene de peculiaridad que su planta es mixtilínea, lo que le confiere más dinamismo. Es de gran interés la cúpula que cubre la capilla mayor. La iglesia de Santiago, en la plaza del mismo nombre, presenta una curiosa fachada concebida como un atrio de dos pisos. El convento de Belén tiene su iglesia que data del siglo XVIII y presenta una sencilla fachada precedida de un compás. El interior presenta una rica decoración a base de escayolas y yeserías barrocas y guarda diversas obras escultóricas y pinturas renombradas. Como último hito de este primer recorrido está la Puerta de Granada, un gran arco de ladrillo construido en 1748 y a partir de la última restauración presenta como una imagen mariana en una sencilla hornacina. La cruz y los jarrones que rematan los extremos son aportaciones recientes. La segunda de las rutas discurre por la ciudad alta o
antigua, comenzando por la Real Colegiata de Santa María la Es de destacar que en la Real Colegiata, hoy sin estar abierta al culto, se creó la Cátedra de Gramática y Latinidad, origen del grupo poético antequerano del Siglo de Oro. Muy próxima está la Alcazaba, monumento nacional al que se accede desde la plaza de Santa María y de los Escribanos. La mayor parte de las murallas conservadas datan de la primera mitad del siglo XIV y en su construcción se utilizaron materiales de la época romana. Por su importancia destacan las torres del Homenaje, Blanca y la Puerta de Málaga. El convento del Carmen (Carmelitas Calzados) tiene también la declaración de monumento nacional y en la actualidad sólo se conserva la iglesia, construida entre 1583 y 1633. Exteriormente tiene escaso interés, de ahí que el visitante quede extasiado cuando accede al interior y contempla la armadura mudéjar y los tres monumentales retablos de la capilla mayor, obra de mediados del siglo XVIII. Se conserva aquí, entre otras muchas obras de arte, una virgen gótica del siglo XIV y en su construcción se utilizaron materiales de la época romana. Por su importancia destacan las torres del Homenaje, Blanca y la Puerta de Málaga. El convento del Carmen (Carmelitas Calzados) tiene también la declaración de monumento nacional y en la actualidad sólo se conserva la iglesia, construida entre 1583 1633. Exteriormente tiene escaso interés, de ahí que el visitante quede extasiado cuando accede al interior y contempla la armadura mudéjar y los tres monumentales retablos de la capilla mayor, obra de mediados del siglo XVIII. Se conserva aquí, entre otras muchas obras de arte, una virgen gótica del siglo XV regalo de los Reyes Católicos a la iglesia-mezquita de San Salvador, ya desaparecida. Desde el Arco de los Gigantes, siguiendo la calle de los Herradores, se llega a la Plaza del Portichuelo, conjunto urbano de " gran teatralidad barroca ", con un primer plano de la capilla-tribuna de la Virgen del Socorro y el desembarco de la calle escalonada de Santa María la Vieja. En un plano más profundo, la iglesia y espadaña de Santa María de Jesús como blanco telón de fondo. Esta iglesia perteneció a los frailes Terceros Franciscanos y tuvo que ser reconstruida en el siglo XIX después de la invasión francesa. En el camarín del altar mayor se encuentra la imagen de la Virgen del Socorro Coronada, de gran devoción popular y uno de los pasos más señalados de la Semana Santa antequerana. Bajando desde el Portichuelo por la empinada cuesta Real se llega a la parroquia de San Juan Bautista, edificio de 1584 y traza manierista. En su interior destacan el retablo mayor y en la capilla de Animas la imagen del Cristo de la Salud y de las Aguas, de principios del siglo XVII, que es sin duda la imagen más venerada en Antequera. La Puerta de Málaga está declarada también monumento nacional y constituye la expresión más característica del arte musulmán en la ciudad. En su frontal se abre un arco de herradura hecho en ladrillo. El interior de la torre alberga la ermita de la Virgen de Espera. La basílica de Santo Domingo es lo que queda del antiguo convento de los dominicos, obra del siglo XVII y XVIII. La nave central tiene un artesonado mudéjar policromado y en el camarín del retablo mayor de estilo barroco está la imagen de la Virgen de la Paz Coronada, también muy popular en Semana Santa. En la nave de la Epístola, entre otras, se halla la capilla de la Virgen del Rosario, con un suntuoso camarín barroco de comienzos de XVIII. Como consecuencia de la expansión urbanística de la ciudad a partir del siglo XVI, se abre un nuevo horizonte artístico en la parte baja que discurre junto a los antiguos caminos de Estepa y Lucena, hoy arterias urbanas importantes. En esta zona se encuentra el convento de San Agustín y su iglesia, fechados entre los años 1550 y 1566 por el arquitecto Diego de Vergara. El primitivo artesonado de la nave central, desaparecido en el XVII, fue de diseño del gran Diego de Siloé. Esta iglesia tiene la segunda torre en importancia y en su interior resalta una amplia y profunda capilla mayor, cubierta con una bóveda de crucería gótica y remodelada en el siglo XVII con yeserías manieristas. Por su parte, la Casa de los Pardo lleva a gala tener la más bella fachada de la arquitectura civil antequerana y ejemplar interesantísimo del manierismo andaluz. El interior fue vaciado y hoy se dedica a oficinas. La iglesia y hospital de San Juan es otro de los ejemplos arquitectónicos de finales del siglo XVII, de sobria fachada y un interior de un barroco exagerado. El convento de Ntra. Sra. de los Remedios es otro monumento nacional. Su iglesia, la de Los Remedios, tiene un altar mayor presidido por un enorme retablo barroco con columnas salomónicas cuya exuberancia choca nuevamente con la sobriedad y sencillez del exterior del templo. La imagen de la Virgen de los Remedios, patrona de la ciudad, es una escultura muy conseguida de comienzos del siglo XVI y restaurada a principios del XIX. Siguiendo el recorrido por la parte baja de la ciudad nos encontramos con el Palacio Municipal, antiguo convento que fue de los Terceros Franciscanos hasta la Desamortización de Mendizábal y adquirido en 1845 para ubicar el Ayuntamiento. El patio claustral, las escaleras y el salón de plenos, más el despacho de alcaldía, son las piezas más representivas. Más al norte, la Plaza de Toros, construida entre 1846 y 1848, con su interesante museo taurino, y entre las muchas muestras de la arquitectura civil barroca hay que citar los palacios o casas señoríales de Conde de Pinofiel, del Conde de Colchado, del Conde de Valdellano, del Barón de Sabasona, la casa de los Colarte y el del Marqués de Villadarias, que es sin duda uno de los edificios más importantes. Otro conjunto de conventos y sus iglesias son el de Madre de Dios (Agustinas), de mitad del XVIII y cuya iglesia está considerada como una de las mejores muestras del rococó andaluz; el convento de la Trinidad (Trinitarios Descalzos), (1672-1683), de un barroco muy clasicista; el convento de San Zoilo (San Francisco), de principios del siglo XVI y declarado monumento nacional. Su iglesia es del gótico tardío y fue remodelada en el siglo XVII introduciendo numerosas yeserías manieristas. En el interior, la nave central tiene artesonado mudéjar y guarda una colección de obras de arte como el retablo de tablas hispano-florentinas del XVI, la imagen de Jesús Nazareno de la Sangre y el llamado Cristo Verde, un crucificado de estilo gótico-renacentista. Otros monumentos en este último recorrido por la ciudad son la capilla tribuna de la Cruz Blanca, dedicada a la Virgen del Socorro como en El Portichuelo; la parroquia de San Pedro, como uno de los templos más grandes y que junto con las iglesias de Santa María y San Juan Bautista, forman el conjunto de templos columnarios renacentistas. Entre las obras de arte conservadas en San Pedro destacan el baldaquino de la capilla mayor (1609) para la Colegiata de Santa María, y una Inmaculada de madera policromada de escuela napolitana. De arquitectura religiosa también ha de mencionarse la iglesia de Ntra. Sra. de Loreto, en el antiguo colegio de la Compañía de Jesús (Recoletas), que comenzó a construirse en 1693 con monumental fachada de piedra. El interior del templo, que no está acabado en su crucero y capilla mayor, está ricamente decorado de abigarradas yeserías blancas. Fuera de la ciudad, camino de Málaga y Granada, se encuentra el conjunto de los Dólmenes de Menga, Viera y El Romeral. El primero está datado en una fecha próxima al 2500 a. C.; el segundo, de menores proporciones pero más perfecta construcción, data del 2000 a. C. y al tercero, el más evolucionado y con una larga galería y dos cámaras circulares desiguales, se le atribuye una antigüedad de unos 1800 años a.C. La visita a la ciudad de Antequera no estaría completa sin acercarse a ver el Museo Municipal, ubicado en el Palacio de Nájera , donde se guarda celosamente el Efebo de Antequera, pieza considerada como " la más bella salida del suelo peninsular " y probablemente de Europa, como se demostró en una exposición de bronces romanos en Berlín en 1987. Otros lugares de interés, además del conjunto kárstico del Torcal y de la Peña de los Enamorados por la leyenda que encierra, son los vestigios arqueológicos de la época romana -Singilia Barba, recinto Capacheras, Aratispi, Carnicería, Los Moros, etc.y una serie de complejos serranos, cuevas, etcétera.
La gran tradición artesana de Antequera en orfebrería ha ido dejando paso a otros trabajos en materiales como el cuero, esparto, vidrio, barro, mármol, fibras vegetales, hierro, madera, etcétera. Larga es la lista de talleres y artesanos como para satisfacer cualquier demanda.
Entre los platos más representativos de la gastronomía antequerana hay que destacar la porra y los molletes para los desayunos, la chanfaina y los embutidos. Pero la fama se debe fundamentalmente a la gama de repostería que tiene su máxima expresión en los conventos de clausura y hornos tradicionales. Son sus mejores muestras los alfajores, angelorum, bienmesabe, higos con nueces, polvorones y mantecados, pastelillos de gloria y demás lista de dulces salidos por los tornos de los conventos.
Entre todas las festividades sobresale la Semana Santa por su antigüedad, singularidad y tradiciones. Los tronos son llevados a hombros por los "hermanacos ", que heredan de abuelos a nietos un lugar debajo de los varales. Algunas de las procesiones resultan especialmente emotivas y espectaculares cuando suben empinadas cuestas en carrera. El último día de mayo y los dos primeros de junio se celebra la feria de primavera y a final de julio una noche flamenca. La patrona, Ntra. Sra. de los Remedios, se celebra el 8 de septiembre y en agosto es la feria en la que no faltan unos buenos carteles de primeros espadas en las corridas de toros.
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