alprincipio.gif (5271 bytes)

Patrimonio Cultural


ARQUITECTURA POPULAR


    Al igual que en otros lugares, la arquitectura popular suele caracterizarse por una importante adaptación a las condiciones del medio natural: clima, relieve y disponibilidad de materias primas para la construcción.

    La escasez de lluvias durante la mayor parte del año favorece el tratamiento de las cubiertas en forma de terraza y esta tendencia se aprecia especialmente en las zonas más secas del litoral, que son las que corresponden a la costa de la Axarquía. En cambio, en otras zonas de la provincia en las que las precipitaciones son más abundantes, la terraza característica de la arquitectura popular mediterránea deja paso a la cubierta a una o dos aguas (más frecuente esta última) y generalmente formada con teja árabe o de medio cañón. En esta solución concreta interviene junto al elemento climático el factor de la tradición cultural.

    Otro aspecto de la vivienda tradicional que presenta relación con las condiciones climáticas es el tamaño de los vanos de fachada. Las elevadas temperaturas hace que, sobre todo en las zonas más calurosas, los huecos de ventanas y puertas no sean muy grandes a fin de evitar la penetración del calor; asimismo, siempre que es posible se evitan o se hacen más pequeños en las fachadas orientadas al norte, o hacia donde, por la orientación del relieve, pueden venir los vientos más molestos.

    El relieve no solo influye en las pautas arquitectónicas tradicionales por su efecto en las condiciones climáticas, sino también, y sobre todo, por lo más o menos escarpado que sea. La mayor parte de los pueblos malagueños se levanta sobre terrenos accidentados y esto no solo va a condicionar a menudo la distribución de la vivienda tanto en planta como en alzado, sino también la morfología y estructura urbana, ya que el urbanismo tradicional se caracteriza generalmente por una importante adaptación a las condiciones topográficas. Esto hace que la vivienda tradicional sea de poca altura y que el trazado de los pueblos de zonas accidentadas suela presentar una o varias calles principales siguiendo las curvas de nivel y el resto transversales a éstas con trazados estrechos, resueltos a menudo por escalonamientos dispuestos en zigzag. Esta es la estructura dominante en la mayor parte de las comarcas de la Axarquía y de la Serranía de Ronda.

    En las zonas llanas, por el contrario, la vivienda tradicional, aunque rara vez supera las dos plantas (incluida la baja), suele presentar una mayor ocupación de suelo, ya que a menudo va acompañada de corral para el ganado, algún pequeño almacén o granero y otras dependencias relacionadas con la actividad agraria. Es lo que ocurre en la comarca de Antequera, las zonas bajas de la del Guadalhorce y, en menor medida, en las zonas menos abruptas de la franja litoral.

    Las poblaciones ligadas a estas zonas más llanas no siempre se sitúan en los lugares de topografía más suave, como es el caso de Campillos o Fuente de Piedra, sino que a menudo ocupan el borde de las depresiones o el pie de pequeños relieves interiores a las mismas, extendiéndose en buena parte por las laderas próximas. El Valle del Guadalhorce –Pizarra, Álora, Coín, Alhaurín el Grande y Cártama—y fuera de él la ciudad de Vélez-Málaga, es otro exponente típico, mientras que el segundo caso se da en algunas poblaciones de la depresión de Antequera, como son Archidona o Alameda.

    La disponibilidad de materia prima se refleja en el empleo generalizado del ladrillo en las zonas con abundancia de terrenos arcillosos en sus proximidades y de la piedra, aunque en menor medida que aquél, en las zonas de montaña, siendo la zona en donde aparece con mayor frecuencia la Serranía de Ronda. No obstante, la mayor o menor proximidad a los lugares donde se encuentra la materia prima para la construcción apenas si influye ya en la construcción de la vivienda tradicional.

    En el tratamiento de las fachadas hay que distinguir dos aspectos muy característicos: la tendencia a blanquearlas, siguiendo una tradición muy extendida en toda Andalucía, y la formación de zócalos, cuya disposición está condicionada por el trazado de la calle en las poblaciones situadas en terrenos accidentados. Esta tradición del zócalo, que a veces se confunde con el resto de la fachada por la tendencia a blanquearlo todo, como ocurre por ejemplo en Mijas, está degenerando en muchos pueblos, debido a soluciones que no sólo rompen la tradición sino la misma estética de la vivienda y la calle donde ésta se encuentra. Ello es debido al empleo de azulejos de manera totalmente anárquica.

    En la zona de la depresión de Antequera, en los barrios más antiguos y populares de algunas poblaciones, incluida esta misma ciudad, las cumbreras de teja árabe suelen blanquearse, ofreciendo vistas singulares del conjunto de cubiertas en las que destacan chimeneas que a menudo se convierten en piezas decorativas. Cómpeta, Tolox, Algarrobo y Ojén son algunas de las localidades en las que la forma de la chimenea reviste mayor originalidad.

    En varias localidades del interior es frecuente ver hornacinas abiertas en las fachadas para imágenes religiosas o para estaciones de viacrucis. En determinadas poblaciones las hornacinas arrancan de una tradición centenaria, conservándose incluso algunas del siglo XVI.

    La vivienda tradicional también está representada en la provincia por el popular cortijo que se extiende por la mayor parte de Andalucía. Pueden observarse principalmente en la depresión de Antequera, ofreciendo un paisaje rural de gran parecido con el que aparece en las vecinas campiñas de Sevilla y Córdoba.

    Fuera ya de lo que es la vivienda tradicional se pueden encontrar singulares elementos de arquitectura popular en los cementerios, como los de Casabermeja y Sayalonga por las formas que presentan, y los de Álora, Benadalid y Casares por la singularidad de estar enclavados en recintos de antiguos castillos o fortalezas. Como elemento singular del paisaje rural hay que destacar los paseros en la comarca de la Axarquía. Son recipientes rectangulares de varios metros cuadrados dispuestos en las pendientes de las zonas de solana, generalmente junto a la vivienda rural, y formados por muretes bajos en tres de sus lados y uno más alto de forma triangular en la cara más levantada. El color blanco de estos paseros y su presencia formando grupos sobre laderas muy visibles los convierten en una atractivo para el viajero.

    Ir al menu de este areaAtrasAdelante