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La Historia |
A comienzos del siglo XIX, la invasión napoleónica y las consiguientes reacciones de resistencia dejaron una profunda huella en la economía y las gentes de la provincia. Los acontecimientos que vivió el país a partir del regreso de Fernando VII tuvieron una gran repercusión en Málaga con hechos como el fusilamiento de Torrijos y sus seguidores en las playas de San Andrés, las sublevaciones contra el Estatuto Real, la participación en la Gloriosa y los sucesos de la I República y la insurrección cantonal. Pero paralelamente a estos hechos, Málaga conoció durante el siglo XIX un notable auge económico en el que intervinieron la actividad comercial de su puerto, la producción de vinos, cítricos, pasas, frutos secos y azúcar y la creación de grandes industrias y negocios: refinerías, fábricas de tejidos, bodegas, astilleros e incluso ferrerías. También en este siglo XIX se produjeron en la provincia fenómenos sociales que reflejan la turbulencia del mismo. Baste recordar el bandolerismo que se extendió especialmente por la Serranía de Ronda, el anarquismo, que tuvo manifestaciones violentas en Málaga durante la insurrección cantonal. La burguesía malagueña no obstó por un nacionalismo al estilo del catalán o vasco, pero sí hubo un cierto andalucismo amparado por la mediana y pequeña burguesía, que aunque no arraigó, debe ser destacado en la historia de Málaga, ya que su más importante propagador fue Blas Infante, natural de Casares. A comienzos del siglo XX la provincia va a seguir viviendo situaciones que no favorecen su desarrollo, tales como las consecuencias de la plaga de filoxera de finales del siglo XIX, que terminó con la mayor parte de los viñedos, o el terremoto que a finales de este mismo siglo produjo grandes pérdidas en la comarca de la Axarquía. También la incipiente industria siderúrgica se iba a empezar a resentir por la falta de carbón y el atraso tecnológico hasta llegar al cierre de la misma. Y por si todos estos males fueran pocos, las consecuencias de la Guerra Civil del 36 vinieron a colmar la situación hasta sumir a la provincia en un largo período de estancamiento económico. Fue en la década de los sesenta y primeros años de la siguiente, de la mano del turismo, cuando se reactiva de forma importante la actividad económica, provocando importantes movimientos migratorios en el interior de la provincia, con desplazamiento de población agrícola al sector de la construcción y de la hostelería y una notable transformación del territorio en el litoral. |