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Excursiones

 

EXCURSION A LA SIERRA DE LAS NIEVES Y LA CIUDAD DE RONDA

Itinerario nº 1. Acceso desde la Costa del Sol Occidental

De la población de San Pedro de Alcántara, a 9 kilómetros de Marbella, sale la carretera comarcal 339 (hoy convertida en carretera autonómica básica), que asciende a la Serranía por las laderas de Sierra Palmitera. Recorrer esta carretera es como estar continuamente asomado a un balcón abierto, primero a los paisajes del litoral y, a medida que se avanza, hacia los del Valle del Genal, siempre con la montaña como compañera de viaje. En lo más alto del recorrido, cuando los roquedales desnudos de cascajares flanquean la carretera hay dos grandes vigas de hierro cruzadas, que a modo de monumento recuerdan las obras que mejoraron este acceso. Este símbolo es un hito que debe tenerse en cuenta para saber que la entrada al Parque Natural de la Sierra de las Nieves está próximo. Algo más adelante, entre los puntos kilométricos 14 y15, en las proximidades del Llano de Almagén está el puesto de la Cruz Roja, y un kilómetro después la entrada al Parque.

Si se hace el viaje en autobús (que puede llegar hasta el mismo refugio del los Quejigales, siempre que éste no sea demasiado grande), es conveniente no entrar directamente ya que la maniobra, además de dificultosa, puede ser peligrosa por encontrarse la entrada en una curva. Es mejor continuar un poco más hasta el restaurante El Navasillo, en donde se puede hacer una parada para desayunar y degustar los exquisitos desayunos a base de pan cateto con aceite de oliva o chacinas. Volviendo de este restaurante la entrada es mucho más cómoda.

El camino de acceso al Parque Natural es de tierra, pero se encuentra en buen estado. Desde la carretera hasta el arroyo de la Fuenfría el camino discurre entre encinares que van haciéndose más espesos a medida que nos adentramos en nuestro recorrido. La espesura se acrecienta una vez cruzado el arroyo y la cerca que se atraviesa indica que hemos entrado en el coto de la Nava de San Luis, famoso en otro tiempo por las cacerías que allí se organizaba y en el que aún hoy pueden verse algunos ejemplares de cabra montés, jabalí y gamo.

La Nava de San Luis es un pequeño llano con un cortijo que lleva este mismo nombre, que actúa de antesala a la Sierra de las Nieves propiamente dicha. Aquí los prados del cortijo, rodeados de encinares se unen al pinsapar de Parauta que sube por las laderas del cerro Alcojana para obsequiar al visitante con el primero de los paisajes destacados de la excursión. La altitud media de 1.000 metros a la que nos encontramos, a partir de aquí empieza a aumentar a medida que avanzamos en nuestro recorrido.

El camino asciende serpenteante entre bosquetes que cada vez son más escasos y el paisaje va quedando a los pies del visitante, bien en profundos barrancos o bien en la suave llanada de la Nava de San Luis.

Los roquedales se van haciendo poco a poco los dueños del paisaje a ambos lados del camino, hasta que, pasados los 1.300 metros de altitud, aparecen algunos pinsapos sueltos que anuncian la proximidad de nuestro destino: El Refugio Felix Rodríguez de la Fuente, (antiguo Cortijo de los Quejigales).

En una hondonada, al pie de la Sierra de las Nieves propiamente dicha se levanta este Cortijo, que fue recuperado en su día por el ICONA y que hoy gestiona la Agencia de Medio Ambiente para dar acogida a los visitantes de la zona que lo soliciten con suficiente antelación. Es tanto el éxito de la zona que hay que solicitarlo uno o dos meses de antes (según la época), además de cumplir con unos determinados requisitos para poder hacer uso de él.

En las proximidades del cortijo hay instalaciones para acampada, en área de para comer bien equipada y un pequeño aparcamiento.

En una excursión de un solo día, si se ha previsto llegar a este punto antes de las 11 de la mañana se debe programar el ascenso al Puerto de los Pilones por el sendero de la Cañada del Cuerno. Es un recorrido un poco duro para quien no esté habituado o tenga dificultad para el ejercicio, pero el esfuerzo merece la pena.

El sendero asciende por el bosque de pinsapos más espectacular que puede verse, con ejemplares que pueden tener varias centenas de años y formando espesuras que hacen más sobrecogedora la umbría de la cañada. Por encima de los 1.500 metros de altitud el bosque empieza a clarear y una singular vegetación de forma almohadillada, conocida popularmente como "cojines de monja" nos anuncia que estamos llegando al Puerto de los Pilones. Allí, de nuevo la naturaleza muestra todo su esplendor con un bello paisaje de alta montaña, presidido al fondo por el pico de la Torrecilla, que con sus 1.918 metros es el más alto de la provincia y por el Cerro de la Alcazaba, que se asoma como una gran atalaya hacia el litoral. Los terrenos suaves que hay entre el Puerto de los Pilones y la Torrecilla albergan uno de los bosques más singulares que puedan contemplarse: El Quejigal de Tolox. Quejigos centenarios, errantes por la montaña, han quedado como testigos honorables de otro tiempo aguantando la dureza del medio. Si se tiene la oportunidad de visitar estos parajes con nieve, no debe desaprovecharse. Será un recuerdo inolvidable.

El regreso al refugio puede hacerse por el mismo recorrido que hemos utilizado para subir, o a través del camino que parte del mismo Puerto de los Pilones. Por este camino se tarda más en volver, pero es aconsejable utilizarlo, ya que todo su trayecto es de gran interés paisajístico por las extraordinarias panorámicas que se pueden contemplar. Cuando lleguemos al refugio habremos empleado de dos horas y media a tres horas en el recorrido y puede ser un buen momento para el almuerzo camino de la ciudad de Ronda en alguno de los restaurantes que hay antes de llegar.

Esta ciudad precisa de más de un día para poder disfrutar de todos sus atractivos, pero la tarde de un día de montaña puede dar de sí para un primer contacto entre esos atractivos y el visitante.

Si se llega en autobús, conviene saber que está prohibido el paso de estos vehículos por el casco viejo, por los que para empezar la visita hay que elegir la zona norte o la zona sur. Es recomendable el acceso sur ya que des este modo el autobús nos puede dejar en las misma Puerta de Almocábar de la muralla de Ronda, mientras que por el norte hay que dar un buen paseo desde donde está permitido el aparcamiento de autobuses hasta el casco viejo.

La Puerta de Almocábar fue construida en el siglo XIII y era la entrada a la Alcazaba y a la ciudad. Junto a esta puerta hay una fuente de pilón de piedra en la que mana agua fresca de gran calidad, que puede ayudarnos a emprender el paseo por la ciudad. La entrada no la vamos a hacer por esta puerta sino que continuaremos por la calle que rodea la muralla. A medida que se sube la cuesta se contempla la monumental Iglesia del Espíritu Santo construida en el siglo XV por los Reyes Católicos para conmemorar la conquista de la ciudad. Es de estilo isabelino y fue construida por el arquitecto Pons Sorolla. Siguiendo nuestro acceso a la ciudad por la calle de Armiñán, a la derecha hay una baranda de hierro con pilares de piedra desde la que se pueden observar vistas parciales de la muralla; un poco más adelante pasaremos por la fachada trasera del Ayuntamiento, que visitaremos de regreso y a continuación llegamos a una pequeña plaza en la que se encuentra el interesante Alminar de San Sebastián, construido en el siglo XV como parte de una mezquita que después se convirtió en la iglesia de San Sebastián. A esta plaza sale la calle Marqués de Salvatierra, por la que descenderemos en nuestro recorrido hasta el palacio del mismo nombre. Este palacio, árabe en su origen, fue reconstruido en el siglo XVIII, época a la que pertenece la portada de la fachada principal.

Muy cerca de este palacio, al doblar la curva de la calle de Santo Domingo hay un pequeño mirador, desde donde se contemplan varios monumentos de este borde de la ciudad de Ronda. El más próximo, casi junto a este mirador, es el Arco de Felipe V, construido en el siglo XVIII, en doble sillería con ático trapezoidal y un frontón pequeño curvo, rematado con tres pináculos. Lleva escudo en el centro y silla de piedra adosada, que se conoce como Sillón del Moro. La silueta de este arco ha ilustrado numerosos grabados de la Guerra de la Independencia y ha sido utilizada como decorado de varias películas sobre esa etapa de la historia de Ronda. Frente al Arco de Felipe V está el Puente Viejo, también conocido como Puente Arabe, aunque de origen discutido.

La primera referencia histórica que tenemos de él es de finales del siglo XV, cuando se reconstruye tras la conquista de Ronda por los Reyes Católicos. Después ha sido objeto de numerosas reformas, la última de ellas ya en el siglo XX, en la que se la abrieron balcones en el pretil sobre el río y se pavimentó. Muy cerca de este puente existe otro más pequeño, el Puente de Las Curtiderías, también conocido como Puente Romano, porque cuenta la tradición que fue construido por los árabes sobre otro que existía de este época. Cerca de este puente, en la margen izquierda del río, están los Baños Arabes (siglos XVII-XIV). Es un recinto cerrado por un muro de arcos ciegos y tiene una estructura de recogida de aguas con una noria que las lleva a través de un acueducto hasta las calderas del Baño. En las murallas de la ciudad que hay próximas a estos baños se abren las puertas árabes.

A partir del mirador mencionado anteriormente vamos a continuar la visita a la ciudad subiendo por la calle de Santo Domingo, un acalle empedrada de fuerte pendiente, en la que, además del Palacio de Marqués de Salvatierra, se encuentra la Casa del Rey Moro, un edificio del siglo XVIII construido sobre una antigua casa árabe, de la que se conserva el pasadizo-mina que a través de la roca del Tajo desciende hasta el río Guadalevín, en su interior hay varias estancias que pudieron tener carácter militar, o según otros también pudieron ser baños. Lo más valioso de esta casa, que hoy está convertida en almacén de muebles, es el jardín, realizado por el arquitecto Forestier a principios del siglo XX.

Por la cuesta de Santo Domingo salimos de nuevo a la calle de Armiñán y allí encontramos otro edificio monumental , el Convento de Santo Domingo (siglo XVI), actualmente en restauración. Situado en el antiguo límite de la ciudad sobre el Tajo, fue fundado por los Reyes Católicos y más adelante, en él estuvo el Tribunal de la Inquisición . Tiene elementos góticos, mudéjares y renacentistas.

La puerta de este convento se abre hacia el Puente Nuevo, un espectacular alarde de ingeniería civil que en el siglo XVIII unió el casco viejo de Ronda con el barrio del Mercadillo. Este puente marcó un hito en la historia de la ciudad al permitir su desarrollo urbano hacia la Dehesa del Mercadillo.

Al otro lado del Puente Nuevo la ciudad de Ronda ofrece al visitante calles, plazas y jardines de notable interés, como es el caso de la calle-salón Vicente Espinel, conocida popularmente como calle de la Bola, o la plaza del Casino o, finalmente, el Parque Alameda del Tajo con mirador sobre la "caldera" que se extiende al pie del impresionante Tajo.

Un edificio que debe visitarse en esta parte de la ciudad es la Plaza de Toros (siglo XVIII). Es de las más antiguas de España y que fue proyectada por el mismo arquitecto que realizó el Puente Nuevo (José Martín Aldehuela). En su interior se ha instalado un Museo Taurino en el que se pueden contemplar documentos, indumentaria e instrumental unido al toreo, de gran interés para aficionados a la tauromaquia.

Para seguir nuestra visita a la ciudad de Ronda, debemos volver al Puente Nuevo y adentrarnos otra vez en el casco viejo, Aquí nos desviamos por la calle Tenorio (la primera a la derecha) y al llegar a una placeta triangular, giramos a la izquierda hacia una calle en codo, que es la de Diego José de Cádiz (o San Juan de Letrán) y en ella encontramos primero el colegio de las Esclavas y algo más adelante La Casa del Gigante, un edificio del siglo XIII, reformado en los siglos XVII y XVIII, pero que conserva la tipología de la casa granadina y norteafricana de la época árabe en la península. Su nombre le viene de una figura que hay en uno de sus muros. Desde la Casa del Gigante, llegamos a la plaza del mismo nombre, en donde se encuentra otro edificio destacado, el Colegio de Santa Teresa.

Desde aquí se sigue por la calle de San Juan Bosco, para desviarse a continuación a la derecha por la calle de Sor Angela de la Cruz y desde esta pasar a la plaza en la que se encuentra el Palacio de Mondragón (siglo XV), posiblemente el edificio civil más representativo de la ciudad, en él se pueden apreciar varios estilos arquitectónicos: el renacentista (primer patio), el gótico tardío (segundo patio) y el mudéjar (tercer patio) con una gran riqueza de decoración.

Desde el Palacio de Mondragón, siguiendo por la calle Manuel Montero, salimos a la Plaza Duquesa de Parcent, toda ella rodeada por edificios monumentales. El primero que encontramos es la Iglesia de la Caridad (siglo XVI), antigua ermita, escuela pública, Escuela de Artes y Oficios de la Sociedad del Fomento de Industrias Clásicas, Escuela de Artes y Oficios de Alfonso XIII y Convento de las Hermanitas de la Cruz, (de ahí que también se le conozca como Convento de la Caridad). Muy cerca de esta iglesia está el Convento de Santa Isabel de los Angeles, edificio del siglo XVI que presenta abundantes elementos mudéjares. En la misma acera de la Iglesia de la Caridad, se encuentra la Iglesia de Santa María de la Encarnación la Mayor, edificada sobre una mezquita del siglo XIII, de la que se conservan restos del mihrab y algunos relieves. Esta mezquita, a su vez, se había construido sobre las ruinas de un templo romano. La primera obra cristiana data del siglo XV, recién tomada la ciudad por las tropas cristianas. La torre conserva la estructura del antiguo alminar de estilo mudéjar y junto con la fachada ofrece un conjunto de gran belleza.

Los edificios de Los Juzgados y del Cuartel de Milicias cierran esta plaza por su flanco oriental. Este último edificio construido en el siglo XVIII alberga actualmente el Ayuntamiento.

Si después de este recorrido, que no es completo pero sí nos ha llevado a los lugares más representativos, aún se dispone de tiempo, no debe desaprovechar el visitante la oportunidad de, cuando menos, ver la variada oferta de muebles de artesanía, lámparas y otros objetos suntuarios de las numerosas tiendas que desde la calle de Armiñán a la plaza de toros le han acompañado en el recorrido. Pero quizá se a mejor emplazar este otro menester para una próxima visita, que a buen seguro ya se estará programando al terminar ésta.

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